Abr 22 2010
Níger: una crisis silenciosa
Situado en el semidesierto tropical del Sahel, Níger, el país más pobre del mundo, es un vasto territorio que tiene recursos naturales limitados y mal explotados para la mayoría de sus habitantes, y que se enfrenta a crisis alimentarias periódicamente: el 60,6% de la población vive por debajo de la línea de la pobreza ($ 1,25 al día) y uno de cada cinco niños muere antes de cumplir cinco años debido a enfermedades prevenibles.
Si a esta situación “habitual” añadimos una prolongada sequía durante el año pasado, el resultado es que casi 8 millones de personas (el equivalente a la población de Cataluña), la mitad del país, ha visto desaparecer sus reservas de alimentos y los precios en los mercados no paran de aumentar.
¿Qué hacer entonces para sobrevivir? La población se ve obligada a llevar a cabo estrategias de supervivencia, que no hacen si no empeorar su situación, como disminuir el número de comidas diarias e incluso no comer durante varios días, o recurrir a la mendicidad o al endeudamiento, que afecta a casi el 68% de los hogares vulnerables.
No estamos ante una emergencia cualquiera provocada por la fatalidad climática, estamos ante la confirmación de que el inexorable deterioro de la situación de los pequeños agricultores del Sahel está llegando a sus extremos. El espectro de una hambruna vuelve a aparecer después de décadas de lento deterioro.
Las imágenes de 2005 de colas interminables de gente esperando su ración de comida pueden repetirse, ya que todo apunta a que en 2010 pueda producirse una situación de hambruna aún mayor. Es vital que autoridades, donantes y comunidad internacional se movilicen. Todavía estamos a tiempo de evitar una catástrofe humanitaria y que se repita la situación que ya vivimos hace cinco años.