Jul 07 2010

¿Por qué ahora Kirguistán?

Publicado por en Opinión,Testimonios

La tragedia que se ha desatado en Osh y en Jalal Abad, ambas ciudades Kirguís, ha dejado 2.000 muertos aproximadamente y ha provocado la huída de más de 100.000 refugiados y de unos 300.000  desplazados en búsqueda de más seguridad. Desde Madrid hemos organizado dos equipos para trabajar tanto en Kirguistán como en Uzbekistán, el país vecino que acogió a los primeros refugiados. Participé en esta misión no sólo para entender mejor este conflicto, sino para ver cómo Acción contra el Hambre podía apoyar a las numerosas víctimas.

Crisis en Kirguistán

Un hombre lleva pan mientras se mueve a través de los refugiados uzbekos reunidos en la frontera entre ambos países, que huyeron de los enfrentamientos en Osh. © Reuters/Zhumatov Samil; cortesía de alertnet.org

Aunque los medios de comunicación han sido muy rápidos en justificar el estallido de violencia por supuestas cuestiones étnicas, la realidad, tal como la viví con el equipo de emergencia durante nuestra estancia en la zona, fue muy diferente. Kirguistán está en un momento difícil porque intenta alcanzar la democracia en una región que se caracteriza por sus regímenes autoritarios y por la tutela política de las grandes potencias mundiales (Kirguistán es una base fundamental para el apoyo a la guerra en Afganistán).

El momento actual de violencia tiene sus raíces en la redistribución de los recursos políticos y económicos que está propiciando la nueva constitución. Las matanzas, los incendios y el pánico social nacen de las fuerzas que no quieren que haya un cambio social y menos aún, un cambio de sistema. Esta explicación, aunque no es nueva, (¿cuántos conflictos se han iniciado por intereses cruzados entre los grupos implicados?), permite entender mejor una crisis que, si no, seguiremos interpretando como un choque entre tribus medievales. Desde Acción contra el Hambre también nos permite dirigir mejor nuestra ayuda hacia los más vulnerables.

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Ene 20 2010

Ayuda humanitaria… ¿a punta de cañón?

Publicado por en Opinión

La polémica en torno al despliegue de 15.000 marines para ayudar en el terremoto de Haití refleja la confusión tóxica que se ha creado en cuanto a la coordinación de una operación humanitaria eficaz. El afán por parte de los ministerios de Defensa de los países democráticos por disfrazar a sus fuerzas armadas de actores humanitarios ha provocado en el imaginario colectivo la ilusión de que los ejércitos trabajan para asistir a las víctimas de catástrofes. De hecho, toda su publicidad para reclutar se basa en esta idea: un soldado no es alguien que dispara o defiende sino alguien que ayuda.

Los propios soldados sufren esta confusión, porque dudan a la hora de priorizar su papel natural de defensores del orden y la necesidad, por otra parte, de desplegar una ayuda urgente a las poblaciones que sufren. Es verdad que los militares tienen, además de sus armas, una capacidad logística importante. Pero esto no significa que tengan ni la técnica ni la metodología para ayudar a los más vulnerables. Acción contra el Hambre ha podido constatarlo en numerosas ocasiones en contextos tan diferentes como Afganistán y Sudán.

Un camión militar descargando sacos de comida o tirándola desde helicópteros no es lo más útil en estos momentos. Sólo los más fuertes cogen la bolsa de alimento, y no siempre para entregarla al que la necesita. Los niños, mujeres, ancianos y discapacitados no son los que se benefician de esta ayuda. Las imágenes de Haití demuestran que esta regla no falla.

Una ayuda profesional y verdaderamente humanitaria requiere la creación de canales de distribución para llegar a los más vulnerables. No es tan efectista para las cámaras, pero sí lo es para dar respuesta a las necesidades de los grupos más débiles, reduciendo, por ejemplo, la mortalidad infantil.

No estamos diciendo que los ejércitos no puedan hacer nada en estas situaciones. Pueden y deben utilizar su capacidad logística para restablecer el orden. Pero de aquí a improvisarse humanitarios hay una gran distancia.

El despliegue militar debería al menos coordinarse con las fuerzas de seguridad de interior, por precarias que sean. Sólo así podrá abrirse un espacio humanitario que proteja, no sólo a los más vulnerables, sino a las organizaciones humanitarias que tratan de ayudarles. Su deber es protegerles.

La reducción creciente del espacio humanitario a la que asistimos en los últimos cinco años demuestra de sobra los peligros de confundir lo militar con lo humanitario. Esta simbiosis ha dado sobradas muestras de sus limitaciones, tanto en crisis políticas como en desastres naturales. Los humanitarios ya estamos pagando un precio por esta confusión: nunca antes habíamos sido tantas veces blanco de grupos armados ni movimientos antioccidentales.

La ficción del militar humanitario no existe, ni siquiera aunque vista uniforme americano. Hollywood nos ha convencido, falsamente, de que el marine sale airoso de todas las batallas cuando se trata de proteger al débil. Esto pasa sólo en las películas.

Las mujeres y los niños son los más perjudicados por la forma en la que se está realizando la repartición de la ayuda humanitaria
Haití

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Dic 04 2009

El riesgo continúa

Publicado por en Opinión

Encuesta nutricional en Bithioungal, Mauritania
Encuesta nutricional en Bithioungal, Mauritania

Una vez más, el pasado domingo 29 de noviembre, se produjo el secuestro de tres cooperantes, en esta ocasión en Mauritania. La reducción del espacio humanitario, es decir las presiones de todo tipo que recibimos de los actores que forman parte de nuestros contextos de trabajo, y que denunciamos desde hace varios años, vuelve a confirmarse. Desde 1996 se ha producido el rapto de 51 cooperantes españoles, a los que habría que sumar decenas procedentes de otros países.

El 4 de agosto de 2006, 17 miembros de Acción contra el Hambre fueron ejecutados en Muttur, Sri Lanka; asesinatos que constituyen el más grave crimen cometido contra una organización no gubernamental, comparable a un crimen de guerra según el derecho internacional.

Somos testigos incómodos en zonas como Territorios Palestinos, Líbano, Colombia, Níger o Sudán, donde el hambre está profundamente enraizada en conflictos latentes o que se reactivan periódicamente y donde sólo se pueden encontrar las causas del sufrimiento en la violencia o en la política. Es difícil trabajar así, pero nos avala la fuerza incontestable de nuestro mandato y el derecho internacional humanitario, esperando que algún día sea realmente aplicable, ya que la reducción del espacian humanitario no es sólo culpa de Al Qaeda o de los grupos violentos; los propios gobiernos han vuelto a perder la consciencia de los años 90 cuando aceptar el sufrimiento de sus pueblos era algo inadmisible por parte de la comunidad internacional, una prioridad que hoy se esta perdiendo.

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