La respiración entrecortada de Hassana es lo único que rompe el silencio de la sala del hospital de Mayahi (Níger) donde están ingresados los pequeños que sufren desnutrición severa. Hassana, de diez meses, no está sola. A su lado duerme su gemelo Ousseyna, las enfermeras le han vendado la mano para evitar que intente quitarse la vía que le suministra la medicación. Los dos pequeños entrecierran los ojos con mucho sufrimiento. “Esta es la imagen cotidiana aquí, en el hospital”, nos cuenta Hamani Ojaouga, jefe del Centro de Rehabilitación y Educación Nutricional Interna (Creni) del hospital.

Los gemelos Hassana y Ousseyna sufren desnutrición severa y están ingresados en el hospital de Mayahi, una zona de Níger con las peores consecuencias de la sequía.
Nos hemos acercado hasta aquí con los especialistas de Acción contra el Hambre (ACH) en Mayahi, otro equipo de tenaces que a diario luchan porque los niños de esta zona de Níger castigada por la sequía no mueran de hambre. “Reforzamos las capacidades de los profesionales del hospital, damos tratamiento nutricional a los bebés y luego controlamos que en sus aldeas continúen con ese mismo tratamiento”, explica Hainikoye Ita Moussa, responsable de Nutrición de la organización en Mayahi.
Los gemelos Hassana y Ousseyna solo tomaban papilla de mijo y se han puesto muy enfermos. A su lado, Halima, de 21 meses, presenta el mismo cuadro: solo papilla de mijo y, como consecuencia, diarreas y vómitos. Su padre es maestro de escuela y su familia tiene que compartir casa con otra familia, nos cuenta Habbi, la madre.
Hace mucho calor en el Creni, y las madres espantan a las moscas de las caras de los bebés, que apenas se inmutan. Hay otras que han preferido instalarse fuera, en el patio, sentadas con esterillas. Las hay muy jóvenes, como Chamsiya Yahaya, de 18 años y un bebé, Razak, que con 15 meses está muy enfermo porque su alimentación se ha basado solo en papilla de mijo con una salsa. Otra adolescente, Haossou Bawa, de 15 años, sostiene a su bebé, Sani, de cuatro meses. Y su relato repite las historias de estas mujeres solas: “El padre murió y por eso no tengo ingresos de ningún tipo”.

Por las altas temperaturas, hay muchas madres que prefieren permanecer con sus hijos enfermos en el patio del hospital de Mayahi. Muchas, además, han tenido que dejar a sus otros pequeños en las aldeas para poder hacer frente al ingreso hospitalario.
Estas son las madres y los críos que hoy, un día cualquiera, me encuentro en el hospital de Mayahi. Pero su presencia aquí supone otro drama: ellas han tenido que dejar solos en los poblados a sus otros hijos, a otros seis, siete pequeños que tampoco tienen qué comer. “Por eso hay muchas madres que nos dicen que no se pueden quedar aquí mucho tiempo”, nos recuerda el responsable de Nutrición de Acción contra el Hambre. Saoude Ada, de 20 años, se ha traído a una niña de su pueblo para que la ayude con sus dos pequeños malnutridos, y que, como Hassana y Ousseina, también son gemelos. El padre es vendedor de pequeños artículos. Saoude explica que solo pueden hacer dos comidas al día y siempre con mijo. Tiene ocho hijos, pero solo pueden mandar a uno al colegio.
Dejo esta parte del hospital para visitar a los críos que, después de recibir tratamiento, están a punto de volver a casa. Por primera vez veo sonrisas en el centro hospitalario. Los niños, que semanas atrás sufrían como lo hacen ahora los pequeños del Creni, ahora han recuperado la salud gracias al tratamiento nutricional de Acción contra el Hambre. El pequeño Idrissa es un renacuajo de ocho meses vestido de verde que no para quieto, no deja de reír, su madre está feliz con él en brazos. “Estaba triste, tenía una infección en la boca y no cogía peso”, nos cuenta Barka, la mamá. Idrissa solo quiere soltarse de los brazos maternos y gatear. Su evolución, para que no sea pasajera, será controlada por los profesionales de ACH. Su cara refleja que se pueden lograr cosas. Y me hace salir del hospital contenta, pensando en que Hassana, Ousseyna o Sani tendrán esa misma cara feliz en solo cuestión de semanas.

Después del tratamiento nutricional, Idrissa, de ocho meses, está feliz. Solo piensa en soltarse de los brazos de su madre, gatear y jugar.
Susana Hidalgo es responsable de comunicación de Acción contra el Hambre en el Sahel
