Hoy he conocido a gente que rebosa felicidad. Felices porque hace unos meses no tenían nada que hacer, no conseguían dinero para comprar comida para sus hijos ni una actividad que les sacase de la parálisis vital más absoluta. En el pueblo de Kanembacatche, en Níger, un grupo de hombres y mujeres trabajan en el campo regenerando un terreno para convertirlo en pastos para el ganado. El programa de Cash for Work (Dinero por Trabajo) puesto en marcha por Acción contra el Hambre permite a 470 beneficiarios de este lugar cobrar un salario por persona y día de trabajo. Hombres y mujeres que han recuperado su orgullo trabajan la tierra con las herramientas de labranza. En un descanso, Moumouni Abou, de 28 años y con siete hijos, explica que su vida antes era miserable. “Hubiese preferido morir a continuar así”, señala. Lo que de verdad le gusta a Moumouni es ser “comediante y orador público”, y entonces hace una demostración de sus dotes de parlanchín con varios chistes ante sus compañeros, que se mueren de la risa. Moumouni continúa trabajando y yo sigo hablando con los beneficiarios, a los que se les ve muy ilusionados con la tarea.

Gracias al programa de Cash for Work de Acción contra el Hambre 470 personas de Kanembacatche, en Níger, regeneran un terreno para pastos a cambio de un salario.
Zouera Assoumane, de 35 años y madre de siete hijos, estuvo comiendo plantas salvajes ante la falta de dinero para comprar alimentos. Eso fue hace unos meses, ahora ya puede acceder al arroz y al mijo. “Tengo una fuente de ingresos para cubrir las necesidades familiares”, cuenta alegre esta mujer. Los beneficiarios valoran además que están haciendo una labor, la regeneración de pastos, que ayudará a combatir la fuerte sequía. Sakina Lawali, de 37 años, agrega otro beneficio: “El proyecto ha contribuido a que los hombres se queden en el pueblo”. Porque en Níger, como en todos los países del Sahel, la mayoría de los hombres han dejado sus aldeas para buscar trabajo en las ciudades más grandes o en otros países. Pero los que se desplazaron a Libia o a Costa de Marfil en busca de una vida mejor han tenido que regresar por culpa de los conflictos en estos países. En Kanembacatche me encuentro con uno de estos hombres: Amadou Souley, de 48 años, casado y con dos hijos. Y resume su historia: “Me fui a trabajar a Libia porque aquí había la crisis del hambre y con la esperanza de ganar dinero, pero tuve que regresar por la guerra de allí. He ido a Libia y he vuelto sin nada. Ahora, por lo menos, Amadou tiene una ocupación”.

Zouera Assoumane, de 35 años y madre de siete hijos, es una de las beneficiarias del programa. Hasta entonces, hubo temporadas en las que tuvo que sobrevivir comiendo plantas salvajes.

Amadou Souley se fue desde Níger a Libia en busca de trabajo pero ha tenido que regresar. “He vuelto sin nada”, cuenta.
Susana Hidalgo es responsable de comunicación de Acción contra el Hambre en el Sahel
