He encontrado a muchas mujeres en Mauritania que no saben la edad que tienen. Los días pasan para ellas sin que uno tenga más importancia que el otro. No han celebrado cumpleaños y han pasado la vida intentando sobrevivir y cuidando solas de sus hijos. “Nosotras estamos aquí, ¿dónde están los hombres?”, contestan casi al unísono y enfadadas un grupo del pueblo de Ehel Salem (Kaedi) cuando les pregunto por qué la mayoría de los hombres han desaparecido. Todas están de acuerdo además en que si no hubiese llegado Acción contra el Hambre con su programa de transferencias monetarias entonces sí que el pueblo se hubiese quedado totalmente vacío.
No todos emigraron. Hay muchas mujeres viudas en los pueblos, como Achita Mint Amar, de unos sesenta años, y que perdió a su marido después de que a este “se le paralizase todo el cuerpo”. Ella tiene lumbago, cuenta, pero no puede ir al centro de salud porque está demasiado lejos y no tiene manera de llegar. Aicha se siente muy cansada porque no come bien. Pocas energías se pueden tener a base de una dieta de arroz y pescado seco.
Tebou, otra mujer mayor, se acuerda de que cuando era joven “y tenía fuerza” trabajaba en el campo el cultivo del sorgo. “Antes teníamos leche de vaca, carne y sorgo. Ahora solo hay mijo”, relata Tebou. Porque esta mujer llegó a conocer varias recetas y menús locales a base de diferentes ingredientes. Algo totalmente impensable con la actual crisis alimentaria.
Más mujeres: Deident, que perdió a su marido porque él tenía “un problema en el estómago” del que no se pudo operar o Sonash, que posa para la fotografía con todos sus hijos.
Uno de los pocos hombres que quedan se llama Mohamed Lemine y es el jefe del pueblo. “Nacido y criado aquí”, especifica. Ha estado un año enfermo. Y no ha emigrado, dice, porque tiene a su cargo a su familia, a sus cinco hijos, y mientras no se los pueda llevar consigo él no se mueve de Ehel Salem.

Sonash Mint Abdrasman, viven con sus hijos en el pueblo mauritano de Idechoue y es una de las beneficiarias del programa de transferencias monetarias de Acción contra el Hambre. Foto: Susana Hidalgo.
En Riha, un pueblo precioso de casas de adobe y ventanas minúsculas para que no entre el calor, me encuentro con que el programa de Dinero por Formación de Acción contra el Hambre ha hecho a muchos hombres replantearse la idea de irse a buscar trabajo a otro sitio. El programa consiste en que los interesados reciben un salario por parte de la organización a cambio de asistir a unas clases sobre higiene, alimentación, la importancia de la educación en los niños… Y ha tenido además otro efecto positivo, como explica Aka Gidaha, uno de los alumnos: “Estamos todos juntos en clase, no se queda cada uno en su casa, así podemos compartir ideas y pensar entre todos en que podemos contribuir para salir de la crisis”. Dejo a Aka ilusionado, con ganas de hacer cosas y de sentirse activo. Ojalá no le sobren fuerzas para afrontar lo que viene ahora, la parte más dura de la sequía, la que se llevará por delante muchas ilusiones y vidas de los habitantes del Sahel.

Hanafi, uno de los profesionales de Acción contra el Hambre, revisa con un grupo de mujeres mauritanas cómo esta funcionando la ayuda de la organización para paliar la crisis alimentaria. Foto: Susana Hidalgo.
Susana Hidalgo es responsable de comunicación de Acción contra el Hambre en el Sahel
