He encontrado en este viaje por diferentes países del Sahel a hombres y mujeres que viven su relación con la tierra y la climatología con autentica devoción. Hanafi, por ejemplo, profesional de Acción contra el Hambre en Kaedi (Mauritania), que se encarga de visitar las aldeas para implementar los programas de la organización y controlar que todo funcione correctamente. Un “hombre de terreno”, como le gusta definirse, que conoce cada milímetro de este territorio de Mauritania cerca de las fronteras de Malí y Senegal. Hanafi reconoce cada tipo de la escasa vegetación que crece estos meses en Mauritania, está atento a los movimientos de los pastores y los ganados que emigran buscando las lluvias y es capaz de identificar las diferentes clases de escorpiones. Sabe también al dedillo en qué zonas es mejor plantar los cereales y cómo construir pequeños diques de contención para la lluvia.

Hanafi, profesional de Acción contra el Hambre, revisa el trabajo realizado para regenerar un campo gracias a uno de nuestros proyectos de Dinero por Trabajo. Foto: Susana Hidalgo.
Hanafi tiene un buen amigo en Diagana, el jefe de base de Acción contra el Hambre en Kaedi, otro hombre al que se le nota que disfruta mucho con las salidas a terreno. Con su cuaderno en la mano, Diagana toma buena nota de todo lo que nos cuentan los vecinos de los pueblos que vamos visitando. Le preocupa especialmente el que en la última semana dos personas adultas hayan muerto de diarrea y todas las preguntas que le hacen las mujeres sobre los problemas físicos que tienen y lo lejos que les quedan las infraestructuras sanitarias. Hanafi y Diagana visitan juntos los terrenos donde, gracias al programa de Acción contra el Hambre de Dinero por Trabajo, los vecinos de uno de los pueblos han empezado a regenerar un terreno para poder cultivarlo en cuanto empiecen las lluvias. “Tenemos que vallarlo para que no entren los animales”, se preocupa Dagana y anota la apreciación en su libreta.
En Selibaby, también en Mauritania, paso mucho tiempo hablando con Djamaba Diallo, jefa de base, de 39 años y madre de cuatro hijos que me explica lo duro que es tener el mando en un trabajo donde está rodeada de hombres y en un país donde aún impera el machismo en muchos ámbitos. Para visitar a los niños desnutridos, Djamaba habla con Mohamed Abass N’Garde, enfermero, para que me acompañe. Y me encuentro con otro hombre volcado con su trabajo, que se desvive con los pequeños y me explica en español (ha estado trabajando en España varias temporadas) las historias de todos los niños y de sus familias.

Djamaba Diallo es la jefa de base de Acción contra el Hambre en Selibaby (Mauritania), una mujer fuerte y vitalista. Foto: Susana Hidalgo
Los ejemplos de Hanafi, Diagana, Djamaba y Mohamed no son una excepción. En el Sahel solo he conocido a cooperantes con las pilas a mil, con la sonrisa puesta a pesar de pasar un día duro, con una dedicación absoluta a la infancia y una concentración volcada en intentar entender e integrarse en el entorno. Ya he dicho en alguna otra ocasión que jamás ellos serán los protagonistas de esta crisis alimentaria, pero justo es el reconocimiento a su trabajo, y el abrazo de ánimo para todo lo duro que queda por llegar.
Susana Hidalgo es responsable de comunicación de Acción contra el Hambre en el Sahel
