“Queremos que llueva, pero que los pastores somalíes no se vayan”. Elena Crego #3

Julio 31st, 2011

Garbatulla está a unos 450 kilómetros de la capital de Kenia, Nairobi, en el centro del país. La mayor parte de ellos transcurren por un paisaje verde y frondoso, salpicado por plantaciones de maíz, de té, de plátanos… Las casas que se suceden a los lados de la carretera son de una planta. De piedra las más modernas, de madera o adobe las más tradicionales. Algunas de sus fachadas están pintadas de los colores llamativos de las marcas de refrescos o compañías telefónicas que utilizan este espacio para anunciarse.

Junto a la carretera, encontramos a mujeres que caminan cargando hatillos de madera. Hombres que en sus bicicletas transportan bidones amarillos cargados de agua. Niños que juegan con ruedas a las que, con un palo, hacen girar una y otra vez. Tenderetes de madera donde se venden frutas, patatas, tomates…

Dodeli (Garbatulla)

Dodeli (Garbatulla)

Al entrar en la región de Garbatulla, el paisaje cambia radicalmente. Los últimos 80 kilómetros transcurren por una pista de tierra. La vegetación está seca, solo algunos arbustos conservan sus hojas verdes, de las que los camellos se alimentan. Hace 24 meses que no llueve en esta región ya de por sí desértica.

En medio de este paisaje, nos encontramos con un asentamiento de familias que viven del pastoreo. Doleli, que así se llama este campamento, está instalado al lado de una fuente de agua. Muchas de estas familias vinieron hace dos meses desde la frontera con Somalia, que se encuentra a escasos 150 kilómetros, buscando con qué alimentar a su ganado y fuentes de agua de las que beber.

En Dodeli charlamos con Matura, que nos cuenta que estas familias viven del pastoreo. “Al principio tuvimos algunos problemas entre los pastores somalíes y los agricultores (los Merus y los Moranas, poblaciones locales), porque todos competíamos por unos recursos muy escasos. Sin embargo, la convivencia ahora es cordial. Los líderes de unos y de otros dialogaron y llegamos a un acuerdo. Ahora, queremos que llueva, pero que nos se vayan”.  Matura nos cuenta que por ahora, aún tienen agua, pero no es potable. De ella beben también los animales y muchas personas enferman.

Matura

Matura

Son muchos los animales de estas familias que han muerto por el camino o estaban demasiado débiles y han tenido que dejarles atrás. Y el ganado que queda no tiene pastos suficientes para alimentarse y temen que también muera. A esta escasez de alimentos y agua potable, se suma que las niñas y niños han dejado de ir a la escuela, porque tienen que recorrer una distancia muy larga y temen a los animales salvajes.

Continuamos el viaje y el paisaje se vuelve aún más seco. Nos cruzamos con mujeres y niños que acarrean agua. Recorren hasta 10 y 15 kilómetros a pie o con sus camellos para abastecerse de agua, porque las fuentes más cercanas se han secado. En algunos lugares se pueden ver los restos del fuego que algunas familias hacen con el fin de obtener carbón, que después venden en localidades cercanas para tener algo de dinero con que comprar alimentos.

Tras ocho horas de viaje, llegamos a la ciudad de Garbatulla, desde donde Acción contra el Hambre coordina sus actividades de nutrición, seguridad alimentaria y acceso al agua potable, en la región.

Si quieres colaborar con el Cuerno de África, Entra aquí.

De camino a Garbatulla. Elena Crego #2

Julio 27th, 2011
Ibrahim Borou Roba

“Ibrahim Borou Roba es un anciano de Malkadaka, un pueblecito de 300 habitantes en la región de Garbatulla, en el centro de Kenia, una de las regiones más afectadas por la sequía. Ibrahim tiene 64 años y afirma que nunca ha visto una sequía como la de ahora. En su comunidad tenían 100 cabras y han perdido 90. La gente no tiene dinero para comprar alimentos.  No comen más que maíz y la desnutrición aumenta…”, nos cuenta Christina Lionnet, una compañera de ACF-Francia que acaba de regresar de esta zona.

La historia de Ibrahim es una más entre los más de 2 millones de personas afectadas por la sequía en Kenia. En Garbatulla trabaja Acción contra el Hambre, supervisando el estado nutricional de las niñas y niños, y derivando hacia los centros de salud estatales a aquellos que muestran signos de desnutrición. También desarrollamos diferentes actividades que permitan asegurar la alimentación de las familias y  su acceso al agua potable. Hacia Garbatulla partimos mañana temprano, junto a un grupo de periodistas, con el fin de recoger más historias como la de Ibrahim y que sus voces se escuchen más allá de Kenia, más allá del Cuerno de África.

Si quieres colaborar con el Cuerno de África, Entra aquí.

Desde el Cuerno de África. Elena Crego #1

Julio 23rd, 2011

Cuando desde Acción contra el Hambre me propusieron unirme de nuevo a su equipo de comunicación para, desde Nairobi, colaborar en la difusión de la grave catástrofe humanitaria que vive estos días el Cuerno de África, no me lo pensé dos veces y dije que sí.

La magnitud de esta tragedia que, a día de hoy, afecta a más de 11 millones de personas en esta región de África era una razón de peso más que suficiente. La sequía, de una magnitud que no se vivía desde hace 60 años, ha dejado a estos millones de personas de Somalia, Etiopía, Kenia o Djibouti sin alimentos. Han perdido sus cosechas, su ganado… Bien porque sus animales han muerto o porque han tenido que venderlos para poder comprar alimentos para la familia, perdiendo así uno de sus medios de vida. Y se encuentran con que los precios de los cereales en el mercado se han incrementado hasta alcanzar cifras históricas que estas familias no pueden pagar.

Si habitualmente un saco de 50 kilos de maíz cuesta en el mercado en Somalia unos 6 dólares, actualmente están rondando los 45 dólares en la capital, Mogadiscio, o 30 en la región de Wajid (en Bakool), una de las más afectadas por la sequía y donde Acción contra el Hambre -única agencia internacional presente en esta zona- está trabajando en proyectos de nutrición, seguridad alimentaria y agua y saneamiento, como también lo hace en Mogadiscio.

Son miles los niños y niñas afectados por la crisis.

Esta carencia de alimentos ha obligado a cientos de miles de personas a desplazarse de sus lugares de origen y a buscarlos bien en Mogadiscio o en los países limítrofes, como Kenia o Etiopía, donde los campos que acogen a los refugiados somalíes se han desbordado con esta nueva crisis. Los datos de desnutrición que llegan de los centros nutricionales de Acción contra el Hambre en Mogadiscio son alarmantes. Al menos 1 de cada 3 niños padece desnutrición aguda. Por ello, nuestra organización, que lleva trabajando en este Somalia casi 20 años, está reforzando sus programas en estas regiones de Somalia, pero necesitamos apoyo económico para poder llevarlos a cabo.

Intervención urgente de los equipos de ACH en los centros nutricionales de Somalia.

Hablo de Somalia, porque el conflicto que sufre este país desde hace dos décadas hace que su población se encuentre en una situación de mayor vulnerabilidad y que sean quienes de una manera más grave estén sufriendo las consecuencias de esta catástrofe humanitaria. Pero, no podemos olvidar que se trata de una crisis regional, y que son millones las personas que están afectadas en estos cuatro países del Cuerno de África.

Tan sólo tres días después de la llamada de Acción contra el Hambre llegaba a Nairobi, donde irónicamente está lloviendo mientras escribo estas líneas. Desde que he llegado, no he parado de contestar entrevistas de medios que desde España se hacen eco de esta catástrofe. Es una buena noticia dentro de lo dramático de esta situación, porque necesitamos la colaboración urgente de la ciudadanía para poder paliar las consecuencias más inmediatas de esta crisis que amenaza la supervivencia de millones de personas. Sin olvidarnos de que debemos atajar las causas qué la provocan. Tendríamos que trabajar con la vista puesta también en el futuro para que las comunidades tengan acceso a todos los medios y la preparación necesaria con el fin de que, si la climatología lo permite, la próxima cosecha les permita tener asegurada su alimentación.

Si quieres colaborar con el Cuerno de África, Entra aquí.

LA VIDA ANDINA. Bronwen Gillespie en Perú – ¿Qué se puede comer?

Abril 19th, 2011

Voy con el Equipo Local, profesionales de la salud, trabajadores sociales y agrónomos, todos y todas quechua-hablantes, para conocer las comunidades más lejanas, unas 18 horas de Lima, 7 horas de Huamanga, o 3 de la base del proyecto. Ya sabemos que los niños y niñas deben de comer más proteína, pero no sabemos cómo, todavía. En las meses de escasez viven de papas y más papas. En la segunda visita, una madre expresa su situación a nuestra trabajadora, Marisol Salazar[1]:

Con la carne tenemos mucha dificultad eso, para que te voy a mentir. Como estás viendo no tengo plata para comprar… para el mes hago charqui [carne seca con técnica tradicional] y lo pongo a la sopa para que generalmente le de gusto. Cuando extrañan mis hijos mucho mato la gallina… o algunas veces cuando los chicos cazan perdiz comemos. Pero lo que hago es cuando hay huevo o queso le cocino solo para Jeferson [hijo menor] desde lo que me dijo que esta bajo de peso y talla… Será porque cuando estuve embrazada de él no comí mucho. Cómo es el destino de las mujeres, como sea debemos ingeniarnos para que nuestros hijos coman por lo mínimo, para no llorar de hambre. Sabemos mucho, nos han enseñado como alimentar a nuestros hijos, pero el problema es que no tenemos los alimentos. No hay agua aquí, sembraría más pero no hay terreno – ya sabes, mi hermano siendo profesional se apoderó de todo. (Salome, Quihas).

Y Marisol se queda a almorzar con la familia, observando, “los niños solo probaron algunas habas y decían con muecas en la boca, ‘es lo mismo casi siempre’ y se fueron. Caminando a su parcela, Salome, la madre, la confiesa, en llanto, “mi hija de 14 años me dice ‘¿para que nos has tenido si no nos vas a hacer comer?’, quejando de su dieta tan monótona.

Los animales representan ahorros, no son para comer

Los animales representan ahorros, no son para comer

Nuestra próxima parada es Raymina, un pueblo conocido como ganadero, debido que se ubica a tanta altura (3785 metros sobre el nivel del mar) que no es tan apto para los cultivos.  Antes el número de ganado triplicaba el actual, no solo porque la gente perdió todo, huyendo a la ciudad, pero también que están en un conflicto de terreno con sus vecinos. A la vez, en todos los lugares que hemos visitado, se oye la evidencia local del cambio climático y su impacto en la producción:

“No hubo pasto por la lluvia, otros hasta se han muerto por hambre y enfermedad. Están bien flacos, cuando matas no hay carne es puro hueso, mi mamá no mata desde fiestas patrias [julio]. No cómenos carne, solo compramos en estos cobros [programas sociales] o cuando alguien mata, nos salva ahora los huevos por eso casi todos tratamos de tener gallinas.” (Carmen, Raymina)

Las soluciones a la desnutrición infantil aquí tienen que incluir proteína. ¿Hay que promover la crianza de conejito de las indias, una especialidad de la zona? ¡Que rico!

¿Seguridad Alimentaria?

¿Seguridad Alimentaria?

 


[1] Muchas gracias a Marisol por todo su trabajo de investigación en campo, entrevistando en Quechua y entregando en castellano los testimonios de las mujeres en estos pueblos.

LA VIDA ANDINA. Bronwen Gillespie en Perú – La llegada

Abril 18th, 2011

Hace poco mas de una semana vinimos toda la familia a vivir a la ciudad de Huamanga, capital del departamento de Ayacucho, en la Sierra Central de Perú, después de dos y medio años en el desierto inmenso donde se ubica Lima, la capital, a vivir una vida más cerca la naturaleza. Muy cerca, de hecho – la semana pasada se declaró una alerta de emergencia por las lluvias, derrumbándose algunos puentes que nos llevan a las comunidades donde trabajamos. Las carreteras principales ya están abiertas y aprovechábamos el fin de semana para conocer el campo.

Tú me prestas tu caballo, yo te presto mi osito

Tú me prestas tu caballo, yo te presto mi osito

¿Nuestra primera impresión de Ayacucho? ¡Carnaval! Hasta ahora el canto, el baile, el traje colorido, las risas y desfiles por todos partes y a todas horas van muy en contraste con lo que habíamos oído sobre Ayacucho según los limeños: triste, cerrado, difícil. La cuidad no logra recuperar un buen imagen en el país después de las atrocidades cometidos entre Sendero Luminoso y el Ejército hace 20 años.

 carnaval

Nuestro trabajo aquí se enfoca en combatir la desnutrición infantil: debido a la destrucción de la violencia sociopolítica, las condiciones productivos frágiles en los Andes y como resultado de una brecha extrema entre ricos y pobres (Peru es uno de los países mas desigual en el mundo, los Quechua-hablantes de la Sierra están al margen del crecimiento económico impresionante de la cuidad cosmopolita de Lima y el “boom” de la exportación agrícola de la costa), la desnutrición crónica infantil todavía está por encima del 30% en el departamento de Ayacucho. Hay suficiente comida para sobrevivir, pero la calidad y cantidad no es suficiente para evitar daños permanentes en el desarrollo cerebral, reflejados en bajo peso y talla de los bebés.

Presentando el proyecto

Presentando el proyecto

La confusión de Kalichi

Marzo 21st, 2011
Cuando Kalichi empezó a tener conciencia de sí mismo, cuando apenas era un niño, se encontró pidiendo dinero en la calles de Abuja, capital de Nigeria. Sin madre, sin padre, sin familia alguna, se vio obligado a buscarse la vida. Con lo que fue ahorrando de la poca limosna que conseguía, empezó a comprar chicles y galletas para vender. Nunca fue al colegio, no recibió ningún tipo de educación y confiesa avergonzado que no sabe leer ni escribir.

 

En 2004 conoció a un hombre que lo acogió en su casa y le contó que acababa de volver de Trípoli, donde había logrado ahorrar algo de dinero y donde tenía la intención de volver. Cuando llegó el momento, Kalichi se unió a él y comenzaron su viaje de casi 3.000 kilómetros. Sin papeles, sin pasaporte, sin un solo documento que lo identificara. Kalichi ni siquiera sabe cuantos años tiene.

Kalichi, nigeriano, haciendo cola junto a los miles de desplazados que huyen del conflicto libio

Kalichi, nigeriano, haciendo cola junto a los miles de desplazados que huyen del conflicto libio

En Trípoli empezó a trabajar lavando coches y después sirviendo mesas, trabajos de más de 18 horas diarias que apenas le daban para sobrevivir. Cuando vio en las noticias que en Libia iba a empezar una guerra emprendió, de nuevo, la marcha hacia la frontera con Túnez, donde le habían dicho que estaban levantando un campamento de acogida para los que estaban huyendo del conflicto libio.

 

“Estoy confundido. No sé qué hacer ahora. No sé a donde ir; nadie me espera en Nigeria. No tengo nada (Kalichi es uno más de los cientos que en su huída de Libia fue asaltado, perdiendo todo lo que llevaban consigo, todo o el poco dinero que habían conseguido ahorrar). Solo soy lo que ves.”

 

Para muchos, nigerinos, sudaneses, somalíes, marfileños, nigerianos, ghaneses, bengalíes…, el conflicto libio, su huida y su actual situación de espera en el campamento de Choucha es solo un capitulo más de sus vidas. Su pasado, realmente difícil de imaginar, no les impide seguir adelante, con ambiciones tan sencillas como un trabajo, una vida normal y un futuro en paz; si bien es cierto que, en momentos como el que les está tocando vivir en la frontera tunecina, se paran a reflexionar cómo han llegado hasta aquí y, sobre todo, a donde van a ir, donde está ese futuro.

La solidaridad del pueblo tunecino

Marzo 12th, 2011

Cuando llegamos hace diez días a Túnez para dirigirnos a la frontera con Libia, realmente no sabíamos muy bien qué nos íbamos a encontrar: tan solo habían transcurrido dos meses desde que los tunecinos habían salido a la calle para pedir la salida de Ben Ali. En la capital la normalidad reinaba en las calles y ya hablando con la gente podíamos sentir el orgullo que sentían por lo que habían logrado y por lo que estaba ocurriendo en el resto de países vecinos.

Las caravanas de vehiculos que llegan a la frontera en Ras Jdir continuan llegando hasta hoy con alimentos y agua, recorriendo cientos de kilometros desde toda la geografia tunecina

Las caravanas de vehiculos que llegan a la frontera en Ras Jdir continuan llegando hasta hoy con alimentos y agua, recorriendo cientos de kilometros desde toda la geografia tunecina

Pero nuestro asombro no hizo sino crecer cuando llegamos a Ras Jdir. Las caravanas de coches y furgonetas que llegaban por la carretera que une Túnez con Trípoli podían contarse por decenas, orgullosos de su bandera en los capós, con barras de pan, botellas de agua y todo tipo de alimentos, que de manera espontánea se habían organizado para recorrer cientos de kilómetros para que no faltase de nada a la gente que había salido de Libia huyendo. En un país donde los índices de paro y pobreza son muy altos, y que fueron motivo de sus protestas, entre otros, la gente no dudaba ni un minuto en ir a recibir a aquellos que llegaban a su país, para dar a aquéllos que tenían menos que ellos.

En Choucha, los voluntarios que conforman el ejercito tunecino, colaboran tanto con los que hasta alli se han visto obligados a llegar como con las organizaciones que estamos trabajando

En Choucha, los voluntarios que conforman el ejercito tunecino, colaboran tanto con los que hasta alli se han visto obligados a llegar como con las organizaciones que estamos trabajando

En el campamento de Choucha nuestra admiración fue en aumento. Cada día vemos cómo es el propio ejército, formado en su mayoría por voluntarios, quien pone todo de su parte por colaborar con las casi 18.000 personas que actualmente se encuentran a la espera de ser repatriados. Tanto para repartir alimentos y agua como para ayudar en lo que pueden, a pesar de que los diferentes idiomas de los que allí se encuentran a veces supone una barrera, podemos ver ciudadanos civiles y ejército unidos por mejorar las cosas en Choucha.

Pero, ¿debería asombrarnos que la gente se una y colabore entre si para mejorar las cosas, o el hecho de que los que menos tienen no duden en ofrecer lo poco que tienen a los que no tienen nada? En cualquier caso, la solidaridad del pueblo tunecino es digna de admiración.

Crisis Libia: testimonios desde el campamento de Choucha

Marzo 9th, 2011

Habían transcurrido dos meses desde que Tariq había llegado a Trípoli desde Pakistán, cuando se vio obligado a huir hasta Túnez.  Desde que en 2005 se produjo el terremoto en la región de Cachemira, la situación económica de su familia es desesperada. Sin trabajo, sin apenas ahorros y con una gran cantidad de deudas, su mujer y sus dos hijos, sus padres y sus hermanos dependen por completo del dinero que les pueda ir enviando.

“Solo somos dos los pakistaníes que estamos en Choucha y hasta ahora estoy tranquilo, esperando a que pase el tiempo y pueda volver a Libia a seguir trabajando. Yo he tenido bastante suerte, pero sé de gente a la que le han robado el teléfono, los zapatos y todo el dinero que llevaban encima en su huida hasta aquí. Si no puedo volver no me importa ir a cualquier otro sitio con tal de encontrar un trabajo con el que pueda alimentar a mi familia y pagar nuestras deudas, inshala”.

Tariq, 30 años, sólo puede pensar en encontrar un trabajo con el que pueda pagar sus deudas y, en dos años, volver con su familia

Tariq, 30 años, sólo puede pensar en encontrar un trabajo con el que pueda pagar sus deudas y, en dos años, volver con su familia

Rashjid estuvo ahorrando durante meses para poder pagar los 5.000 dólares que le costó el viaje que supondría un nuevo comienzo para él y los suyos, hace cinco años. Durante los últimos cuatro, la compañía para la que trabajaba, al igual que a otros cientos de bengalíes, no le pagaba su salario. Pero cuando estalló el conflicto, no lo pensó dos veces y puso en marcha la huida hacia Túnez. Desde entonces, permanece en el campo de refugiados de Choucha a la espera de que le den la noticia de que por fin hay un avión que lo lleve de vuelta a Bangladesh. “Aunque realmente no quiero regresar a mi país, todavía no. Allí no hay nada, no hay trabajo y no he podido ahorrar nada. Mi mujer y mis tres hijas necesitan el poco dinero que les pueda enviar, aunque una cosa sí tengo clara, no quiero volver a Libia”.

 

Joseph está desesperado por encontrar a alguien entre los cientos de personas que van y vienen por el campamento, que le dé una señal de esperanza, que le diga cuándo y cómo podrá volver a Nigeria con los suyos. “Llevo ya cuatro días en Túnez y aunque mi familia sabe que me encuentro bien, no veo el momento de volver a casa”.

 

Estos son solo tres de los cientos de nombres que se han visto obligados a abandonar Libia, donde se vieron obligados a emigrar en busca de un sueño, y que permanecen en el campamento de Choucha hasta que puedan encontrar otro lugar que les brinde la oportunidad de seguir trabajando, simplemente para dar de comer a los suyos.

Carlos Riaza, Acción contra el Hambre

Crisis Libia: en directo desde el terreno

Marzo 7th, 2011

Cuando todos empezamos a ver en las noticias que en Túnez se estaban produciendo revueltas y protestas en la calle, difícilmente podíamos imaginar lo que después sucedió en Egipto y esta ocurriendo ahora en Libia, Yemen, Omán, Bahrein…

A nuestra llegada a Túnez, hemos podido comprobar como la gente sigue entusiasmada transcurrido un mes desde que consiguieron que Ben Ali abandonara la presidencia, el orgullo que sienten por lo que han logrado. Pero en Libia las cosas han sucedido de manera muy diferente. Desde que el pasado mes de febrero los libios se lanzaran a la calle siguiendo los ejemplos tunecinos y egipcios, el país se ha visto envuelto en un conflicto, en una guerra, de la que es muy difícil saber como y cuando acabara.

No éramos muy conscientes, al menos yo, o no sabíamos demasiado bien con que nos íbamos a encontrar, cuando en un tiempo casi record llegamos hasta la zona próxima a la frontera entre Túnez y Libia, donde desde hace una semana ha comenzado a llegar la gente que huye del país. Nuestra llegada al aeropuerto de Djerba fue como una bofetada. Decenas de personas esperaban sentadas en el suelo con mantas, maletas, bolsas, en una zona precintada, mientras otras eran dirigidas en una cola que parecía no acabar hasta alguna sala desde donde embarcarían en un avión para ser repatriados a su país de origen. Eran los egipcios, los primeros en ser evacuados, los más afortunados ya que han sido los primeros en poder reunirse con sus familias. Y esto solo era la punta del iceberg.

Accionhambre_ER_Libia_2011_Carlos Riaza (3)

A la mañana siguiente salimos desde Zarzis, donde hemos instalado nuestra base de trabajo, hasta Ras Jdir, el punto fronterizo por el que se estaba produciendo el éxodo de trabajadores extranjeros en Libia. Si la llegada al aeropuerto de Djerba fue bastante impresionante, aquí nos quedamos mudos. Ni siquiera al pasar con el coche frente al campo instalado a unos 8 kilómetros adentro en Túnez nos hizo sospechar lo que allí estaba sucediendo.

No soy muy bueno calculando gente, pero creo que no estoy muy equivocado al decir que allí había cientos, tal vez miles de personas. Unos, hacían colas que no se veía donde empezaban o donde acababan; otros, esperaban protegiéndose del sol bajo improvisadas tiendas/toldos hechos de mantas y plásticos a que un autobús los trasladara al campamento de refugiados; movimiento de gente por todas partes. Miles, bengalíes, vietnamitas, filipinos, nigerianos, sudaneses, hasta cerca de 20 nacionalidades diferentes y todos hombres de mediana edad. Cada uno con una historia diferente. Ninguna mujer, ningún niño, ni un solo anciano.

Hasta ahora han podido escapar de Libia cerca de 200.000 personas. Se calcula que hay cerca de 2 millones y medio de trabajadores extranjeros en Libia que salieron de sus respectivos países de origen en busca de un futuro mejor para sus familias. Esto solo es la punta del iceberg.

Carlos Riaza, Acción contra el Hambre

Guinea Conakry: el orgullo de trabajar por la salud pública

Febrero 28th, 2011

Vista desde el cielo, cuando el avión se acerca al aeropuerto, la capital de Guinea aparece rodeada del verde de los manglares de la costa.

Poco después, el verde queda olvidado y no hace falta pasar mucho tiempo en Conakry para darse cuenta de que la basura invade numerosas zonas de la ciudad. Unas veces simplemente se ve, otras muchas el olor nos la hace notar.

Hay algunos puntos de recogida oficial para ellas, pero en muchos casos se trata de basureros ilegales en las calles, el borde del mar y, sobre todo, en pleno centro de los mercados, estos mercados africanos, tan distintos por sus colores, su ambiente y la variedad de productos que ofrecen.

Guiena_Conakry2

En este contexto, el proyecto de “dinero por trabajo” para la gestión de residuos sólidos que lleva a cabo Acción contra el Hambre y sus contrapartes locales parece más que adecuado.

Aparte de esta situación, lo más preocupante en el día a día de los habitantes de Conakry es la subida de los precios de los alimentos, debido al incremento del precio de la gasolina (muchos productos son transportados a la capital desde el interior del país) y la devaluación lenta pero continua de la moneda local, el Franco Guineano (FGN), frente a otras monedas de la zona. A mi llegada a la oficina de Acción contra el Hambre, el administrador me entrega un sobre lleno de billetes para pagar mis gastos. Debido a las tasas de cambio y la devaluación, cuando le pregunto, me dice que el billete mas grande de 10.000 FGN, se podría cambiar por… ¡menos de 1 €!

Nuestros proyectos de dinero por trabajo, además de ofrecer una oprtunidad para obtener unos ingresos económicos, es un motivo de orgullo

Nuestros proyectos de dinero por trabajo, además de ofrecer una oprtunidad para obtener unos ingresos económicos, es un motivo de orgullo

Acostumbrados en España a una moneda y un sueldo estable (para los más afortunados), es difícil entender como se puede vivir y planificar las comidas dentro de un hogar con tanta incertidumbre, tanto a nivel de sueldo como de precios, de cosas tan básicas como el azúcar, el arroz o la gasolina… y eso es lo que ha llevado en muchas partes del mundo a las llamadas “revueltas del hambre”.

El proyecto que la organización lleva a cabo en el distrito de Matoto busca proporcionar una actividad remunerada a 15.000 personas sin recursos (unas 2.000 familias), muchas de ellas mujeres con 2, 3 o más niños.

Además de respetar su dignidad, es decir, recibir un “sueldo” a cambio de un “trabajo”, están muy orgullosas de llevar a cabo una tarea tan útil para su propia comunidad: trabajar por un barrio limpio, un medio-ambiente cuidado, menos enfermedades… Debido a la inflación crónica en que vive el país, nos hemos visto obligados a aumentar el sueldo diario para conservar el poder adquisitivo de los beneficiarios. Ahora un día de trabajo se paga a 25.000 FGN (2,5 €) y con eso se puede comprar poco más de 4 kilos de arroz (pero la gente no trabaja todos los días…).

Emocionada, una de las beneficiarias del proyecto de “trabajo por dinero”me cuenta que había gastado su primer sueldo en comprar 1 kilo de carne para la familia. Entonces 20.000 FGN, ahora le costaría 25 000 FGN.

En estos pocos días he visto a gente dinámica y orgullosa, y más allá del impacto financiero y alimentario, una mujer me da las gracias por el proyecto y me confía que verdaderamente ahora “se siente viva”.

Para estas personas, la seguridad alimentaria es simplemente saber que, durante algunas semanas o meses, tienen asegurada la alimentación diaria de sus familias, independientemente de todas las incertidumbres de su vida cotidiana.
Julien Jacob
Responsable de seguridad alimentaria
Acción contra el Hambre