Garbatulla está a unos 450 kilómetros de la capital de Kenia, Nairobi, en el centro del país. La mayor parte de ellos transcurren por un paisaje verde y frondoso, salpicado por plantaciones de maíz, de té, de plátanos… Las casas que se suceden a los lados de la carretera son de una planta. De piedra las más modernas, de madera o adobe las más tradicionales. Algunas de sus fachadas están pintadas de los colores llamativos de las marcas de refrescos o compañías telefónicas que utilizan este espacio para anunciarse.
Junto a la carretera, encontramos a mujeres que caminan cargando hatillos de madera. Hombres que en sus bicicletas transportan bidones amarillos cargados de agua. Niños que juegan con ruedas a las que, con un palo, hacen girar una y otra vez. Tenderetes de madera donde se venden frutas, patatas, tomates…

Dodeli (Garbatulla)
Al entrar en la región de Garbatulla, el paisaje cambia radicalmente. Los últimos 80 kilómetros transcurren por una pista de tierra. La vegetación está seca, solo algunos arbustos conservan sus hojas verdes, de las que los camellos se alimentan. Hace 24 meses que no llueve en esta región ya de por sí desértica.
En medio de este paisaje, nos encontramos con un asentamiento de familias que viven del pastoreo. Doleli, que así se llama este campamento, está instalado al lado de una fuente de agua. Muchas de estas familias vinieron hace dos meses desde la frontera con Somalia, que se encuentra a escasos 150 kilómetros, buscando con qué alimentar a su ganado y fuentes de agua de las que beber.
En Dodeli charlamos con Matura, que nos cuenta que estas familias viven del pastoreo. “Al principio tuvimos algunos problemas entre los pastores somalíes y los agricultores (los Merus y los Moranas, poblaciones locales), porque todos competíamos por unos recursos muy escasos. Sin embargo, la convivencia ahora es cordial. Los líderes de unos y de otros dialogaron y llegamos a un acuerdo. Ahora, queremos que llueva, pero que nos se vayan”. Matura nos cuenta que por ahora, aún tienen agua, pero no es potable. De ella beben también los animales y muchas personas enferman.

Matura
Son muchos los animales de estas familias que han muerto por el camino o estaban demasiado débiles y han tenido que dejarles atrás. Y el ganado que queda no tiene pastos suficientes para alimentarse y temen que también muera. A esta escasez de alimentos y agua potable, se suma que las niñas y niños han dejado de ir a la escuela, porque tienen que recorrer una distancia muy larga y temen a los animales salvajes.
Continuamos el viaje y el paisaje se vuelve aún más seco. Nos cruzamos con mujeres y niños que acarrean agua. Recorren hasta 10 y 15 kilómetros a pie o con sus camellos para abastecerse de agua, porque las fuentes más cercanas se han secado. En algunos lugares se pueden ver los restos del fuego que algunas familias hacen con el fin de obtener carbón, que después venden en localidades cercanas para tener algo de dinero con que comprar alimentos.
Tras ocho horas de viaje, llegamos a la ciudad de Garbatulla, desde donde Acción contra el Hambre coordina sus actividades de nutrición, seguridad alimentaria y acceso al agua potable, en la región.
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