11/01/2010

Un año después de la operación “Plomo Fundido”, enésimo capítulo del conflicto de Oriente Próximo, la población palestina en Gaza sigue sufriendo un bloqueo que les prohibe la importación de materiales para reconstruir sus infraestructuras y, por ende, sus vidas. El bloqueo se ha considerado como una forma de castigo colectivo por la comunidad internacional. No hay cemento, no hay vidrio para las ventanas de escuelas y hospitales, difícilmente pueden encontrarse tuberías con las que canalizar el agua… la industria ha desaparecido, casi la mitad de la tierra agrícola ya no produce. No falta voluntad ni ingenio por parte de los palestinos, ni ayuda humanitaria, ni fondos… falta sólo una solución política que acabe, de una vez, por todas con la prisión al aire libre en la que viven un millon y medio de personas (el 50% de ellos son menores).
Stephen Williams, jefe de misión de Territorio Palestino de Acción contra el Hambre, nos lo describe.
¿Qué efectos ha tenido el bloqueo?
Ya antes del conflicto, el 98% de la industria de Gaza estaba paralizada por el bloqueo . Debido a su situación geográfica, Gaza depende directamente de las importaciones y exportaciones que mantienen a flote su economía agrícola e industrial. Pero hoy apenas entran en la Franja 31 camiones de carga por mes. Piensen que eran 7.400 de media antes de que comenzase el bloqueo impuesto por Israel tras la victoria electoral de Hamás. Una lista de apenas 35 artículos contra los 4.000 que se importaban antes del conflicto. El escaso movimiento de bienes en la Franja se limita a bienes humanitarios básicos (comida y medicamentos), esenciales para sobrevivir. No se permite ningún producto relacionado con el sector agrícola o industrial, ni tampoco materiales de construcción, tan necesarios para reconstruir las infraestructuras públicas dañadas por la guerra (colegios, hospitales, redes de agua, etc.) También está prohibida la entrada a Gaza de ropa, calzado, juguetes y libros. Fuentes de energía esenciales como el gas para cocinar o el gasoil para los automóviles y la central eléctrica pública tienen prohibida la entrada y, cuando se permiten, es en cantidades insuficientes, causando largos cortes de electricidad e incluso el cierre de establecimientos.
La situación de la agricultura no es mucho más alentadora. Antes del bloqueo la franja tenía capacidad para producir 400.000 toneladas de productos para la exportación (tomate, pimientos, fresas, flores y frutas). Gran parte dependía de infraestructuras de riego e invernaderos. Plomo Fundido acabó con invernaderos, establos, canales de riego, pozos y bombas de agua… imposible reconstruirlas sin los materiales adecuados.
Tampoco hay agua: más de 30 km de red fueron destruidas durante la ofensiva, 11 pozos fueron dañados, se destruyeron 6.000 tanques de tejados y 840 conexiones de hogares.
Gaza se ha convertido en una prisión al aire libre para un millón y medio de personas (el 50% de ellos son menores), que no tienen ningún control sobre su propio destino.
¿Qué ayuda está llegando a la Franja de Gaza?
Actualmente, se está produciendo un goteo de la ayuda humanitaria básica, de manera que se está evitando que la situación alcance dimensiones de catástrofe humanitaria. Acción contra el Hambre ha conseguido hacer reparaciones esenciales con el material disponible tras el derrumbe de las infraestructuras de agua y saneamiento producido durante la última ofensiva israelí, en diciembre de 2008.
El bloqueo ha provocado la creación de un mercado negro de bienes que entran de contrabando desde Egipto suministrando a Gaza la mayoría de materias primas que no son consideradas como bienes humanitarios básicos, cuya entrada está permitida por Israel. Como en cualquier economía clandestina, todo está permitido mientras se pueda pagar, que no es el caso de la mayoría de ciudadanos de Gaza.
Acción contra el Hambre está llevando a cabo programas de “Dinero por trabajo” para facilitar trabajo y recursos a los cada vez más numerosos habitantes de Gaza en situación de desempleo, renovando carreteras rurales y construyendo estanques de riego. Asimismo, la organización trabaja en el suministro unidades de producción de conejos y aves de corral para apoyar a las economías familiares que se desploman y así aumentar su acceso a una dieta mejor.
La situación ha llevado a niveles insostenibles de pobreza y desempleo. Más del 80% de los habitantes de Gaza dependen de la ayuda humanitaria. La ayuda humanitaria a gran escala lleva a depender de fuentes externas y erosiona la estructura social. La normalización de intercambios y el respeto a la proteccion de civiles y del derecho humanitario internacional contribuirán a combatir el desempleo, la pobreza y los sentimientos de amargura y desesperación que, sin duda, son prerrequisitos para una paz duradera.



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