17/02/2010

Tanto las reservas de alimentos como las fuentes de trabajo temporal (café y caña de azúcar en Guatemala, Honduras y El Salvador) se terminan en febrero. A partir de marzo empieza el “hambre estacional” más larga y dura que van a sufrir los hogares vulnerables del norte y centro de Nicaragua. Se espera un repunte de los casos de desnutrición aguda infantil.
La irregularidad de las lluvias durante 2009, asociada al fenómeno de El Niño, ha arruinado las cosechas de maíz, frijol y sorgo, componentes básicos en la dieta de la región, y coloca a las provincias nicaragüenses comprendidas en la zona denominada como Corredor Seco (Madriz, Nueva Segovia y Estelí) en una situación de gran vulnerabilidad.
Las pérdidas de estos tres cultivos en la cosecha de postrera, el segundo período de producción del año agrícola, han sido mayores al 50%, lo que ha generado un fuerte impacto negativo en la economía de los hogares. En otros años con periodos de lluvia más normales, la cosecha de postrera es importante porque produce alimentos para comer hasta la primera cosecha del próximo año. Además, los productores concentran sus esfuerzos y recursos con la esperanza de obtener una cosecha que les genere algún excedente que les permita pagar deudas y cubrir el resto de la canasta básica alimentaria y no alimentaria (educación, salud, ropa, reparaciones del hogar, transporte, etc.).
“El estado actual de las reservas alimenticias que tienen los productores que habían cosechado su propia producción es inexistente, ya que desde hace un mes se les ha terminado. Mientras, las reservas de alimentos que han comprado con el salario temporal, así como las semillas para la primera cosecha del año, se agotarán durante este mes de febrero para la mayoría de las familias”, apunta José Luis Vivero, jefe de misión de Acción contra el Hambre en Centroamérica.
Las familias ya han comenzado a disminuir la cantidad de alimentos en sus comidas, llegando a consumir poco más de 200 gramos de maíz por persona al día, cuando en situaciones normales se consume más del doble. Incluso algunas familias consideran la posibilidad de seguir disminuyendo las raciones y los tiempos de comida. Por otro lado, cabe señalar que más del 64% de familias están actualmente comprando sus alimentos, un elevado porcentaje, anormal para el mes de febrero. En años normales, la mayoría de las familias compran en los mercados locales a partir de abril, cuando se terminan las reservas, para poder superar la temporada crítica del “hambre estacional” o época de escasez alimentaria, el momento más duro del año, en el que la población ha consumido las reservas alimentarias de sus cosechas.
“Las familias que no tienen dinero para comprar están recurriendo a la recolección de frutas de fácil acceso, por ejemplo los mangos. Además, también están empezando a consumir algunas hierbas silvestres que podrían considerarse “alimentos del hambre”, pues sólo se recurre a ellos en épocas de necesidad y elevada carestía” añade José Luis.
Asimismo, la salida de temporeros hacia Honduras, El Salvador y Guatemala dio inicio con un mes de antelación debido a las pérdidas de sus cultivos y no poder encontrar fuentes de empleo en sus comunidades o en otras zonas del país.
Entre las recomendaciones de acción inmediata que recoge el informe que ha elaborado Acción contra el Hambre sobre el “Impacto de la Sequía en el Corredor Seco de Nicaragua” de febrero, podemos destacar las siguientes:
a) Ampliar la cobertura del programa Hambre Cero, una iniciativa del gobierno nicaragüense que surge con el objetivo de reducir el hambre en el país, a modo de una red de protección social para cubrir las necesidades inmediatas de las familias más afectadas durante el largo y crítico periodo del “hambre estacional”.
b) La puesta en marcha programas de mano de obra intensiva para realizar trabajos comunitarios (caminos y vados de ríos) y aumentar la cosecha de agua en las microcuencas (pozos de percolación, protección de cárcavas, setos vivos y agroforestería), entre los meses de marzo y mayo.
c) Apoyar la siembra y desarrollo de la cosecha de primera, a través de la distribución de semillas y fertilizantes, preferentemente a través de fondos revolventes que contribuyan luego a crear un banco de semillas municipal.
d) Llevar a cabo un seguimiento nutricional a todos los niños menores de 5 años en los municipios afectados, mediante indicadores relevantes para emergencias (peso/talla y medidor de perímetro braquial).
e) Finalmente, considerando la más que probable llegada de nuevos proyectos y fondos de la cooperación, recomendamos que todas las instituciones se coordinen con las Alcaldías Municipales o los Consejos Municipales de SSAN, tal y como establece la Ley de Soberanía y Seguridad Alimentaria y Nutricional.



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