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DÍA MUNDIAL DEL MEDIOAMBIENTE: LA SEQUÍA HA MATADO A TODO NUESTRO GANADO Y NOS HA OBLIGADO A CAMBIAR NUESTRA FORMA DE VIDA

07/06/2010


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Los 20 países con el mayor número de niños con desnutrición aguda severa concentraron el 31% de los desastres desde 1990 a 2009. El cambio climático está mermando ya los medios de vida de la población en los países en desarrollo, especialmente los de los pequeños agricultores, obligándolos a emprender estrategias de adaptación que pueden resultar perjudiciales para su futuro.

El cambio climático aumenta el riesgo de desastres en todas partes, pero especialmente en aquellas zonas del mundo donde ya existen altos niveles de vulnerabilidad humana, ya sea incrementando los riesgos relacionados con el clima o aumentando la vulnerabilidad de las comunidades a los desastres naturales, produciendo una degradación de los ecosistemas, la reducción del acceso al agua o a la disponibilidad de alimentos y cambios en los medios de subsistencia.

“Mientras el debate científico internacional trata de medir el alcance del cambio climático, Acción contra el Hambre tiene ya indicios del impacto que el avance de desiertos o la recurrencia de fenómenos climáticos extremos tiene desde hace algunos años en los medios de vida de los más vulnerables, especialmente los pequeños agricultores”, explica el director general de la organización, Olivier Longué. El cambio climático no es sólo una amenaza de un futuro lejano, por el contrario, ya se pueden observar sus efectos como principal motor de las crecientes necesidades humanitarias. Actúa como multiplicador de riesgos y amenazas de desastres, aumentando el riesgo de desnutrición.

Las recientes crisis económica y alimentaria han puesto a prueba la supervivencia de los que menos tienen, disminuyendo su capacidad para hacer frente a la crisis climática y a sus efectos adversos. “El cambio climático es una lastre adicional, un riesgo más que enfrentan las poblaciones más vulnerables. El cambio climático ya esta afectando la vida de muchas familias de pequeños campesinos obligados a cambiar los cultivos y los métodos de siembra debido a los cambios en las estaciones. El cambio climático significa hambre y es tan real como una comida menos al día como consecuencia del agravamiento del hambre estacional.”, advierte Amador Gómez, director técnico de Acción contra el Hambre.

La mayoría de los países con un elevado número de casos de niños que padecen desnutrición aguda severa son propensos a los desastres y se encuentran en situación de riesgo por el cambio climático, concentrando el 31% del volumen de casos de desastres en el mundo (sequías, inundaciones, ciclones) en el período 1990-2009: Afganistán, Bangladesh, Burkina Faso, Burundi, Chad, Etiopía, Haití, India, Indonesia, Kenya, Pakistán, Sudán, Malí, Myanmar, Níger, Filipinas, Uganda y Zimbabwe.

Entre 1991 y 2005, 3.470 millones de personas se vieron afectadas por desastres naturales, 960.000 personas murieron y las pérdidas económicas fueron de 1.193 millones de dólares, según datos de la Secretaría de Estrategia Internacional para la Reducción de Desastres de Naciones Unidas y el Comité Permanente Inter-Agencial (UNISDR y IASC, por sus siglas en inglés respectivamente), afectando desproporcionadamente a los países más pobres. Desde la década de los 80, la media de personas afectadas por desastres relacionados con el clima se ha duplicado, pasando de 121 millones a 243 millones al año.

Acción contra el Hambre ha podido constatar sobre el terreno que los efectos climáticos (sequías, ciclones, inundaciones…) ocupan un destacado lugar en la vida de las poblaciones más vulnerables, ya que afectan negativamente a sus medios de subsistencia, agravando la situación de inseguridad en la que ya se hallan. Los medios de vida de las comunidades rurales con menos recursos (la agricultura, el pastoreo o la pesca) dependen en gran medida de los factores climáticos y el acceso a los recursos naturales.

Estrategias de adaptación
Frente a las crisis climáticas, las familias recurren a diferentes prácticas de adaptación o subsistencia, que pueden afectar directamente a sus activos y, por tanto, a su estado nutricional, por ejemplo mediante la reducción del número de comidas o de cantidad diarias, o mediante la venta de bienes de producción con los que cuentan o endeudándose.

“Los países en desarrollo están más expuestos a los impactos climáticos, debido a su limitada capacidad para hacer frente a su actual fragilidad. Los hogares con menos recursos ponen en marcha respuestas de subsistencia que pueden agravar aún más su vulnerabilidad. Es importante tener en cuenta que las crisis económicas y alimentarias han puesto a prueba los medios de vida de los más pobres, disminuyendo su capacidad para resistir y hacer frente a las amenazas y los efectos del cambio climático”, señala Olivier Longué.

La adaptación para los agricultores y ganaderos en las zonas agro-pastorales en la zona del Sahel es vital para garantizar su seguridad alimentaria y aumentar su capacidad de recuperación. “Solíamos tener mijo en casa. Ahora vivimos de plantas silvestres. Mi marido es herrero, fabrica herramientas para los agricultores. Solía ir muy bien, pero ahora que llueve tan poco, la gente ya no está interesada. Así que hago cerámica, ollas y jarras, y los vendo”, según comenta Aissatou Ganamé, desde Sana, Etiopía.

Durante los últimos diez años las lluvias estacionales comienzan más tarde y terminan antes, la lluvia se ha vuelto cada vez más impredecible y errática, reduciendo significativamente las cosechas y la calidad de los pastos: los periodos entre cosechas en los que la población más vulnerable apenas cuenta con reservas de alimentos son cada vez más amplios y frecuentes, dejando a la gente más dependiente de los mercados para cubrir sus necesidades alimentarias básicas, haciéndolos más vulnerables a los altos e impredecibles precios de los alimentos y los insumos agrícolas; y los pastores tienen que viajar más lejos durante períodos más largos para encontrar pasto y agua para sus vacas. En palabras de una madre en Toula, un pueblo de la provincia de Kanem, en Chad “la sequía ha matado a todo nuestro ganado, y nos ha obligado a cambiar nuestra forma de vida. La gente tiene dificultades para adaptarse y hacer frente a estos cambios. Nuestros maridos nos han dejado para ganarse la vida en la ciudad, dejando a las mujeres y a los niños en el pueblo”.

La diversificación del sustento permite a los hogares aumentar la capacidad de recuperación mediante la difusión de los riesgos. Las poblaciones agro-pastorales de la franja saheliana ya están haciendo cambios fundamentales en sus medios de subsistencia para así hacer frente a la escasez de recursos naturales, aunque estas medidas, a menudo sin otra alternativa viable, pueden aumentar su vulnerabilidad ante futuras crisis. “La tierra desnuda que se ve ahora antes era una tierra de bosques; la hemos destruido. Ahora que hemos perdido la lluvia, sólo tenemos el calor. Hemos oído que los árboles traen la lluvia. Cortamos los árboles, así que sé que estamos haciendo desaparecer a la lluvia. ¿Qué podemos hacer? No tenemos otra opción” reflexionan los habitantes de Dhire en Etiopía.

 

 


 



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