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PERU: OTRA MANERA DE LUCHAR CONTRA LA DESNUTRICION

29/09/2010


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En las zonas rurales de los Andes en Perú, los niños no necesariamente padecen hambre, pero sí el doble problema de la anemia y la desnutrición crónica. Pueden no ser extremadamente delgados, pero sí son notablemente más bajos. Esta es la consecuencia de llevar una dieta baja en calorías, proteínas y micronutrientes durante largos periodos de tiempo. A nivel nacional, el 32,8% de los niños menores de cinco años están desnutridos y en algunas comunidades rurales, el porcentaje alcanza el 72,7%. Actualmente, más de 265.000 niños padecen desnutrición y los efectos negativos sobre su crecimiento y desarrollo, que se manifiestan en una reducción de las habilidades motoras, una disminución de la capacidad de concentración y de los períodos de atención, bajos niveles de motivación y otros problemas de desarrollo irreversibles.

La situación es compleja ya que las madres no perciben que sus hijos estén enfermos, sino simplemente que son pequeños, bajitos o callados. El problema representa una amenaza para el desarrollo de la región. Los niños desnutridos, con una menor capacidad intelectual y problemas continuos de salud, ejercen presión sobre los ya sobrecargados sistemas educativos y de salud. Toda persona con desnutrición sufre una reducción del 10% de sus posibles ingresos económicos durante el transcurso de su vida; y estos adultos, a su vez, se enfrentan a limitaciones en el cuidado de sus propios hijos, cada vez más atrapados por un ciclo intergeneracional de pobreza y desnutrición.

Acción contra el Hambre trabaja para dar una respuesta integrada a la desnutrición en las comunidades andinas de Ayacucho a lo largo de 4 años, con el objetivo de demostrar las mejoras sostenibles en salud infantil, para que puedan iniciarse enfoques similares en otras regiones en situación de riesgo. ¿Qué es lo que se está integrando y por qué? ¿Quién participará en este enfoque integrado?, y ¿cómo se va a llevar a cabo?

Las múltiples causas de la desnutrición dependen las unas de las otras. Las más inmediatas son una alimentación inadecuada y las enfermedades, a las que vienen a unirse otras subyacentes como la situación en cuanto a seguridad alimentaria de las familias, el entorno psico-social y el nivel de los servicios de salud pública, y de agua y saneamiento. A menudo, las comunidades necesitan mejorar los sistemas de riego antes de diversificar su producción. Una vez que se mejora el acceso a los alimentos, por ejemplo mediante la adquisición de cabezas de ganado o aves de corral, no necesariamente ha de traducirse automáticamente en consumo, ya que los productos pueden ser vendidos o servir de alimento a los miembros de ala familia que trabajan en lugar de servir de alimento para los niños. Incluso si los niños reciben una dieta más completa, las malas condiciones de las instalaciones sanitarias aumentan la prevalencia de la diarrea, reduciendo su capacidad para absorber nutrientes. Por otra parte, los hábitos que definen el tipo de alimentos que reciben los niños y cuándo, dónde y cómo son alimentados, deben tenerse en cuenta, además de los cuidados que reciben. Cualquier intervención que busque reducir la desnutrición debe tener en consideración el papel y las responsabilidades de los miembros de la familia y otros cuidadores, así como los aspectos culturales de la atención infantil, además de responder a las restricciones inmediatas más obvias.

Por lo tanto, los componentes técnicos de seguridad alimentaria, de agua y saneamiento, de gestión local y de nutrición han de integrarse como una sola acción, enfatizando la comprensión socio-cultural y el conocimiento de los roles de género, para promover la lucha contra la de desnutrición infantil.

Todos los participantes, desde las comunidades rurales hasta el gobierno, tendrán un papel en este proceso, cuyo objetivo es la lucha contra la desnutrición por medio de la relación entre las personas, sus organizaciones y su gobierno, con el fin de ayudar a los servicios públicos a responder con eficacia al problema. Acción contra el Hambre ha participado activamente en los foros de promoción con el gobierno nacional, estimulando la adopción de objetivos en todo el país en la lucha contra la desnutrición. Perú ya cuenta con una legislación que se refiere a la inclusión de los derechos humanos, la igualdad de género y la perspectiva intercultural en la asistencia sanitaria. El reto que se presenta es asistir a los servicios de salud para que fortalezcan sus operaciones en los distritos predominantemente rurales, para asegurar la calidad y la adecuación de la atención en estas zonas aisladas, para adaptar los materiales, el asesoramiento y los métodos en el contexto local. Los sistemas comunitarios de vigilancia tendrán un papel importante para asegurar que los niños crezcan saludablemente. Este sistema contribuirá a que la comunidad se apropie del proceso y que pueda replicarse en otras regiones en riesgo.

Gillespie Bronwen, Antropólogo
Coordinadora Social, ACF-España, Perú

 


 



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