02/11/2010

La madre de Marvin, Cruz Pérez, tiene 24 años. Trata de sacar adelante a su familia con un pequeño huerto que a duras penas les regala algo de maíz y frijol. El menor de los tres hermanos de Marvin tiene 6 meses. Él está bien porque continúa con la lactancia materna. Pero Marvin y su hermano de cuatro años tuvieron que ser ingresados en un hospital hace unos meses con desnutrición severa. Ella no sabía qué les estaba ocurriendo a sus hijos, no sabía que estaban enfermos por desnutrición. Simplemente pensaba que los niños eran “chiquitos”, que eran así. Fue cuando empezaron a hincharse cuando los llevó al centro de recuperación nutricional de San Pedro Pinula.
Marvin ingresó en el hospital con una desnutrición aguda severa tipo kwashiorkor. Él y su hermano estuvieron ingresados durante dos semanas y media. Tras lograr una recuperación de su peso, padeció un episodio de diarrea para el que se le administró tratamiento antiparasitario, pero en el transcurso de la enfermedad ha perdido un kilo. Esta recaída ha provocado que Marvin esté padeciendo una desnutrición moderada, para la que se le está administrando una dosis diaria de alimento terapéutico de consumo inmediato (RUTF, por sus siglas en inglés) .
Ahora está en proceso de recuperación. “El aumento de su peso va a depender directamente de una alimentación adecuada, de que siga aceptando el RUTF y de los controles periódicos de salud. Si no vuelve a enfermar, va a aumentar de peso adecuadamente. Pero vamos a hacer un seguimiento con mayor frecuencia, para lograr que pueda superar su estado de desnutrición”, apunta Patricia Domínguez, nutricionista de Acción contra el Hambre en Jalapa. Guatemala. “Ahora está pesando 6 kilos, y según su edad de 3 años, el peso mínimo que debería tener es de 9 kilos, y estamos hablando del límite mínimo de peso”.
Lo bueno del tratamiento con RUTF es que ya no tiene que estar ingresado en el hospital, permitiendo a su madre ocuparse de sus otros hijos y de la parcela de tierra. El RUTF además no necesita cocción: se abre y se come, así se evita el peligro de mezcla con aguas contaminadas que podrín agravar una diarrea. El tratamiento comunitario de la desnutrición con estos productos nos ha permitido ampliar masivamente la llegada hasta los niños desnutridos. Esto ha sido posible gracias a años de investigación.
Antes de ingresarlos los alimentaba con unos pocos frijoles cocidos en caldo y un poco de verdura frita, cuando había. “Después de estar en el centro, Marvin había vuelto a sonreír, pero de nuevo su cara está triste. Ahora está comiendo muy poquito, un sobrecito al día del alimento medicinal que parece que sí le gusta”, comenta Cruz.
“Si los niños que detectamos con desnutrición no aceptan el RUTF (una pasta de cacahuete enriquecido con micronutrientes), entregamos a sus a madres alimentos adaptados a las costumbres de las comunidades, para asegurarnos que tienen una buena aceptación, y con un alto valor nutritivo que contribuyen a la recuperación”, señala Patricia Domínquez, nutricionista de Acción contra el Hambre.
Ante esta situación, Acción contra el Hambre centra su intervención en vigilar y reportar a los centros de salud los casos de desnutrición infantil, así como en la mitigación del riesgo de las causas que provocan la desnutrición facilitando el acceso a agua potable, mejorando las condiciones de saneamiento y los hábitos de higiene, y aumentando la capacidad de adaptación y diversificando los medios de vida de las comunidades rurales con las que trabaja.



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