14/04/2011
Antoine está sólo. Está sentado en un banco con la mirada fija en un manual escolar.
Su silencio choca con el gran ruido provocado por la presencia de casi 30.000 personas que se amontonan en el recinto de la misión católica de Duekué. 30.000 personas que lo han dejado todo para buscar rápidamente refugio y huir de la inseguridad de la zona. De momento, aunque los enfrentamientos armados hayan parado, son muy pocas las personas que quieren volver a su casa por miedo a que los combates vuelvan a empezar.
Antoine tiene 15 años, va al colegio y repasa sus clases en el manual escolar que ha llevado consigo. Es la única cosa que sabe hacer y que le mantiene conectado con una realidad que parece estar ya muy lejana: toda su familia ha muerto, y él no sabe a dónde ir ni qué hacer. Se quedará aquí, no sabe durante cuanto tiempo porque aquí, al menos, puede conseguir un poco de agua y de comida.
Después de los primeros días en el campamento en los que los desplazados pudieron salir adelante gracias a los donativos de distintas organizaciones, los equipos de Acción contra el Hambre están ahora preparados para aumentar el acceso al agua potable, mejorar las condiciones sanitarias y apoyar a la puesta en marcha de comedores para garantizar que los niños reciban alimentación. Además, en estos comedores, se pondrán en marcha talleres de apoyo psicológico para ayudar a los más jóvenes a enfrentarse al drama vivido.



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