01/07/2009
El crecimiento descontrolado de las grandes capitales africanas, sin una planificación urbanística adecuada, puede convertirse en una bomba de relojería para la salud pública. En Angola la población urbana supera ya a la rural. En Luanda, donde viven hacinados 4,5 millones de personas (más de un tercio de la población del país), es frecuente encontrar basuras y excrementos humanos en las mismas calles en las que juegan los niños. Una epidemia de cólera como la de 2006, consecuencia de la falta de saneamiento en estos barrios, puede diezmar en muy poco tiempo la población.
Acción contra el Hambre ha conseguido que 15.783 vecinos de Cazenga, uno de los mussekes o barrios de chabolas de la ciudad, cuenten con letrinas familiares y hayan recibido, en sus domicilios, escuelas o iglesias, sesiones educativas sobre medidas básicas de higiene y prevención de enfermedades relacionadas con el saneamiento como la diarrea o el cólera. Estas enfermedades aparentemente inofensivas en nuestro país son la segunda causa de mortalidad infantil en el mundo.
Beatriz Riesco, coordinadora del proyecto nos explica desde Luanda las mayores dificultades de su trabajo: “el contexto periurbano es muy complejo: se trabaja en barrios periféricos con sociedades desarraigadas, donde las condiciones de estrés e individualismo de sus residentes puede imposibilitar la creación de puntos de encuentro”. “Es fundamental por ello- subraya – encontrar la estrategia de encuentro y acercamiento a la población. Este proyecto, de dos años de duración, ha sido posible gracias a la financiación de la Unión Europea.



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