17/08/2011

Hassan es un padre preocupado. Su pequeña Mariam está siendo atendida por desnutrición aguda severa. A los 3 años y medio sólo pesaba 10,3 kilos, cuando fue atendida por el quipo de Acción contra el Hambre que trabajaba en la zona, en la aldea de Eskot (en el centro de Kenia).
Para Hassan, Mariam es víctima, como tantos otros niños, de la sequía que asola la región, más incluso que en años anteriores. “Si ella padece desnutrición, es por la sequía. Antes, nosotros dábamos a Mariam la leche de nuestros rebaños”, explica Hassan. “Yo tenía 20 camellos, 20 vacas y 60 cabras. Pero hoy ya no tengo rebaño. La sequía ha matado a mis animales. Las únicas cabras que me quedan no dan más leche, se están secando. No sé qué dar de comer a mi hija. Cada vez está más débil.”
Mariam está a cargo del equipo de Acción contra el Hambre desde hace cuatro semanas. Recibe un tratamiento a base de un compuesto nutricional que se le suministra cuatro veces al día. Ha mejorado mucho desde su llegada pero todavía no está curada. La semana pasada pasó de 10,3 kilos a 11kilos la semana pasada, antes de bajar a 10,9 kilos, una situación que muestra el estado todavía frágil de la niña y que necesita seguimiento.
“Nosotros venimos a cada sesión. Los nutricionistas miden el perímetro del brazo de Miriam, su talla y su peso. Después registran los datos en su carta de seguimiento para poder evaluar su evolución”, cuenta Hassan.
¿Qué espera Hassan más allá de la curación de su hija, a la que no para de llenar de besos y caricias? “No sé qué esperar para Miriam. Me hubiera gustado que ella fuera a la escuela pero no tengo suficiente dinero para comprar el material escolar, los libros… No tengo ni siquiera con qué dar de comer a mi pequeña”.



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