12/02/2008
“La población estaba recuperándose de la inundación del año pasado cuando el río se ha desbordado de nuevo” explica Alfonso Ruibal, jefe de base de Acción contra el Hambre en Bolivia, quien detalla que “la situación de vulnerabilidad de la población aumenta año a año y esta vez los afectados son más que en 2006”.
En respuesta a la situación de emergencia, un logista y un técnico de agua y saneamiento han salido hoy de Madrid para, junto al equipo de la misión en Bolivia, evaluar los daños y distribuir agua potable y kits de higiene a parte de la población afectada. “No enviaremos stock con material desde España puesto que todo lo que distribuiremos podemos comprarlo allí. Siempre que sea posible, preferimos adquirir todo el material en el país de destino” aclara Guillermo Pérez, director de Logística de Acción contra el Hambre.
El río Grande es un típico río de llanura, es decir, prácticamente plano, de nivel mínimo y por ello muy cambiante. Por eso sus desbordamientos son habituales, casi cíclicos. “El problema es que desde hace unos años la población se ha ido asentando en las orillas de su cauce para desarrollar actividades agrícolas, aumentando su riesgo de sufrir daños y pérdidas que llegan a ser irreparables” explica Alfonso. Mientras algunas comunidades han abandonado esta zona definitivamente, otras muchas siguen volviendo a ella cuando el río regresa a su cauce. En consecuencia, el desbordamiento de hace unas semanas ha afectado a más de 300 comunidades dejando 61.200 damnificados y 660 familias sin hogar.



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