14/02/2008
“Pisco ya no está para fiestas”. Así de claro resume Yesenia, dueña de una tienda de modas, la situación que atraviesa la ciudad peruana. Seis meses después del terremoto de 7,9 grados Richter, la labor de desescombrado ha terminado, pero la mayor parte de los afectados sigue viviendo en tiendas de campaña y casetas de madera donadas por la cooperación internacional. Muchos de ellos no pueden acceder a las ayudas estatales destinadas exclusivamente a propietarios que acrediten la titularidad de sus viviendas y mientras la fase de emergencia termina, la incertidumbre ante los próximos meses es total.
“Cuando una ONG interviene en una emergencia como ésta, normalmente lo hace durante un máximo de tres meses porque se espera que para entonces los damnificados no dependan totalmente de nuestra asistencia - explica Jorge Salamanca, responsable geográfico de Acción contra el Hambre para América Latina – En Perú, este plazo se ha duplicado. Seis meses después, seguimos dando agua potable a la población ya que el Gobierno todavía no ha comenzado a reconstruir las infraestructuras básicas” argumenta.
El terremoto del pasado 15 de agosto dejó 363.151 damnificados, más de 45.000 familias que siguen sin recibir la ayuda necesaria. “Pisco se ha convertido en la imagen del terremoto pero no debemos olvidar que en Chincha e Ica el número de afectados fue mucho mayor” declara Barbara Mineo, jefa de misión de Acción contra el Hambre en Perú.
La organización quiere aprovechar este aniversario para lanzar una serie de recomendaciones que permitan acometer la reconstrucción de la mejor manera posible:



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