TESTIMONIOS

 


"ME GUSTARÍA VOLVER A CULTIVAR MI TIERRA ALGÚN DÍA"

29/11/2010


Caí enferma y durante más de cinco meses me sentí mal. Mi vecina, una amiga de mi iglesia, se preocupaba por mí y venía a casa para ver cómo estaba. Mi marido era un hombre devoto, influyente aquí en Chipata, pero murió de tuberculosis dos años antes de mi enfermedad.

Le dije a mi amiga que me llevara al hospital y le advertí que necesitaba ayuda. Le expliqué que si no me ayudaban moriría más pronto que tarde, como le sucedió a mi marido. Por la mañana temprano me dijeron que la iglesia me llevaría al hospital. Mi hija preparó agua para bañarme y una amiga se quedó con los niños. Cuido de varios niños y niñas porque ha fallecido mucha gente en el complejo. Yo misma he perdido a ocho miembros de mi familia en los últimos años.

En el hospital el médico me preguntó qué me pasaba. Le expliqué que me dolían las costillas y que, si estaban rotas como me habían dicho, tenía tuberculosis como mi marido. El médico me remitió a una clínica que me puso un tratamiento con medicamentos para ocho meses. A mitad del tratamiento me sentía fatal y se me hacía muy difícil levantarme por la mañana porque estaba muy débil. Se me hinchó la cara y me dolía todo el cuerpo.

Fui a ver a mi vecina otra vez y le dije lo que me estaba pasando. Me volvió a llevar al hospital y esta vez me extrajeron sangre para hacerme la prueba del VIH. Me dijeron que recogiera los resultados a los tres días. Mi amiga y la iglesia me ayudaron con el dinero que necesitaba para los análisis. Me dijeron que era VIH-positiva.

Pensé en mi difunto marido. Nadie dijo nunca que tuviera VIH, pero desde que me casé yo no había estado con otro hombre. Me pregunté si mi marido me habría sido infiel y si habría sido él quien me habría contagiado la enfermedad, pues sé que no fui yo quien la trajo a casa.

Me pusieron un tratamiento con antirretrovirales y me dijeron que tomara las medicinas para el VIH por la mañana y a mediodía y las de la tuberculosis por la noche. Así lo hice durante ocho meses. Al principio no podía hacer ningún tipo de trabajo pero, poco a poco, pude ir haciendo trabajos poco pesados y mi cerebro volvió a ponerse en marcha.

Desde entonces he aprendido mucho. Sé que para poder atender a los niños a mi cargo debo ponerme bien, así que trato de seguir los consejos que me dio el personal médico. Me dijeron que comiera sardinas, pollo, huevos y leche porque los antirretrovirales son unos medicamentos muy fuertes, pero con nuestros ingresos no podemos comprar este tipo de alimentos. Generalmente comemos una vez al día n’shima , arroz y cacahuetes. A veces tengo suerte y la gente me da plátanos y naranjas, pero casi nunca tomamos los alimentos adecuados en la cantidad suficiente.

Cuando mi marido vivía trabajaba muy duro y comprábamos alimentos para casa. Si no podíamos comprar algunas cosas, consumíamos el maíz y las batatas que cultivábamos en el pequeño huerto que trabajábamos juntos. La tierra está al otro lado del río y aún es mía. Me gustaría volver a cultivarla, recolectar la cosecha con los niños y poder conseguir algunos ingresos. Pero por ahora es un trabajo muy duro para mí y no tengo dinero para pagar a nadie que mantenga los cultivos. Si no puedo trabajar la tierra trataré de vender algunas cosas, por ejemplo velas o azúcar.
 

 


 

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