TESTIMONIOS

 


HISTORIAS DE SUCHIQUER

28/04/2011


Doña Victoria García sonríe tímidamente cuando llegamos a su casa. Situada en una zona remota en las montañas por encima del pueblo de Suchiquer, Victoria vive con su marido, dos hermanas y sus sobrinos.


Suchiquer es un pequeño pueblo agrícola cerca de la frontera de Guatemala con Honduras. Acción contra el Hambre trabaja con Doña Victoria y con la población de esta región aislada para prevenir el impacto de los cambios meteorológicos, cada vez más imprevisibles, en la agricultura de las pequeñas comunidades.


Doña Victoria conoce los peligros del hambre. En mayo del pasado año, dio a luz a su hijo, justo antes de que la temporada de siembra y deshierbe empezara entre estas montañas de cuestas empinadas. Después de largas horas de trabajo bajo un calor tropical tenía muy pocas reservas de energía. Como consecuencia, no pudo seguir dándole el pecho. Sin acceso a estos micronutrientes vitales, su hijo murió antes de tener un nombre oficial, tan sólo dos meses después de su nacimiento.


Tuvo muy poco tiempo para el sufrimiento, ya que su primer hijo, José Alexander Ramírez García, se puso también enfermo. A pesar de llevarlo al centro de salud de Jocotán, el niño de tres años se hizo cada vez más frágil hasta que no pudo luchar contra la enfermedad que llegó con la temporada de las lluvias. Dejó de comer y pocas semanas más tarde murió en su casa.


Desnutrición: una plaga con muchas causas
Guatemala es un país altamente expuesto a los desastres naturales y al cambio climático. En 2001, el Huracán Mitch destruyó el país después de muchos meses de sequía. Sin embargo, hay que poner las causas subyacentes del hambre de esta zona en el contexto más amplio de la pobreza y de la marginalización política.


Guatemala tiene uno de los sistemas de propiedad de la tierra más injustos del mundo. Según una investigación del Ministerio de la Agricultura, en 1998 sólo un 15% de la población poseía el 70% de las tierras agrícolas del país. Como consecuencia, los pequeños agricultores son empujados cada vez más alto en las montañas, donde es muy difícil cultivar porque la tierra es seca y rocosa. Asimismo, junto a condiciones climáticas extremas, las capacidades de resistencia de los pequeños agricultores son puestas a prueba continuamente. Para empeorar las cosas, dos tercios de la tierra cultivable son destinados a cultivos de exportación, mientras que los agricultores de subsistencia comparten sólo un quinto de la tierra cultivable existente, a menudo en las tierras menos productivas, para ganarse la vida. Sin poder producir demasiadas cosechas y ganar ingresos suficientes, los agricultores de subsistencia no tienen más remedio que buscar trabajo como jornaleros en las llanuras, lejos de sus familias.


Un reciente estudio llevado a cabo por la Red Internacional Acción contra el Hambre encontró tasas de desnutrición crónica del 60,5% en el área. Estos índices se encuentran entre los más altos a nivel mundial. Acción contra el Hambre apoya a las comunidades para mitigar y reforzar sus capacidades en responder a estos nuevos retos y colabora con los pequeños agricultores para revertir las desventajas económicas y de mercado.


La temporada del hambre
El periodo más duro para Doña Victoria y su familia es el que va de mayo a agosto. Es la temporada del hambre estacional, en la que la escasez de alimentos crea dependencia de la compra de alimentos. Durante estos meses los precios de los alimentos son extremadamente elevados y los comerciantes interrumpen sus actividades comerciales en los pueblos porque la gente no puede comprar sus productos. Como consecuencia, los que viven en los pueblos tienen que caminar durante dos horas o más para llegar a la ciudad de Jocotán. Allí el maíz les cuesta dos veces más que lo que ellos mismos ganaban vendiendo sus productos después de la cosecha para pagar las deudas y comprar semillas para la nueva temporada.


Como la mayoría de los hombres de Suchiquer, el marido de Doña Victoria dejó su pueblo para buscar trabajo en las llanuras, propiedad de multinacionales, de la capital, de Méjico y Estados Unidos. Sin embargo, las condiciones de trabajo para los jornaleros son muy a menudo agotadoras, mientras que los niveles de ingresos resultantes son limitados. Doña Victoria señala que “normalmente tenemos muy poco para comer en esos meses. El hambre se establece en todas las casas de nuestro pueblo”.


Los tiempos se han hecho extremadamente duros para otro miembro de la comunidad de Suchiquer, Doña Pula Gutiérrez Amador y su hija Norma. De 18 meses de edad, Norma pesa sólo 6,7 kg, el peso normal para un niño de 3 meses de edad en España. Afortunadamente, Norma fue ingresada en el Centro Nutricional de Recuperación de Jocotán, en el que está recibiendo tratamiento y 24 horas de cuidados hasta que se recupere.


Los nutricionistas de Acción contra el Hambre trabajan con el Ministerio de Salud para salvar vidas reforzando la capacidad del Ministerio en tratar y prevenir la desnutrición.


“No es la primera vez que mis niños pasan hambre”, señala Doña Pula. “Los tiempos son especialmente duros entre mayo y agosto porque no tenemos dinero y la comida es demasiado cara. A menudo, todo lo que puedo dar a mis niños es una tortilla con sal”. La temporada seca del año pasado fue especialmente dura y el precio del trigo subió hasta alcanzar los 7 quetzales por kilo. Doña Pula y muchos otros habitantes del pueblo perdieron los medios para cultivar frijoles cuando las lluvias se llevaron sus brotes. Una investigación de Acción contra el Hambre descubrió que las cosechas de 2010 bajaron de un 60%, haciendo subir los precios y haciendo las personas aún más dependientes de la comida de los mercados.


Apoyando a los agricultores, salvando vidas
Proporcionar dinero a los agricultores en estos meses complicados es crucial. Asimismo, Acción contra el Hambre proporciona trabajo estacional remunerado a las familias vulnerables. Esto permite a las pequeñas comunidades agrícolas tener un poco de estabilidad evitando que los hombres busquen trabajo como jornaleros en las llanuras. El sueldo ayuda las familias a comprar comida, semillas y otros bienes necesarios, y permite a las madres pasar más tiempo cuidando de sus hijos que están expuestos al riesgo creciente de enfermedad o desnutrición durante la temporada de lluvias y de plantación.


Además, Acción contra el Hambre ha creado un sistema único para dar voz a los agricultores en las regiones aisladas. En los “sitios centinela” se crearon comités de comunidades que se reúnen regularmente para documentar todos los aspectos que apuntalan la desnutrición y el hambre, utilizando herramientas participativas que permiten a los expertos comprender las necesidades de las comunidades locales, hacer sonar las alarmas cuando las comunidades están en una situación especialmente delicada, y dar a los decisores políticos las evidencias para poner en marcha mecanismos de apoyo. Estos comités, difundidos en todo el sureste de Guatemala, permiten a las comunidades, el gobierno y las ONG aunar las fuerzas para poner fin a las muertes infantiles prematuras por desnutrición.
 

 


 

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