15/06/2008
He pasado el último año de mi vida en el pueblecito de Chipindo, en la provincia de Huila al sureste del país, una zona tristemente amenazada todavía por la presencia de minas, entre las más vulnerables del país, y donde Acción contra el Hambre es la única organización internacional que sigue presente. Ha sido una experiencia difícil, la mayor parte del tiempo era la única cooperante he tenido la suerte de poder apoyarme en un maravilloso equipo local y en la población rural angoleña, que ha puesto a mi disposición lo poco que tenía.
Mi trabajo consistía en supervisar la construcción de un nuevo Centro Nutricional Terapéutico, atender a los niños con desnutrición severa en el centro de salud de la sede del Municipio, capacitar del personal sanitario sobre aspectos como el seguimiento prenatal (el tratamiento con ácido fólico y hierro durante el embarazo, junto con Educación para la Salud..), asegurar un parto limpio, los cuidados del recién nacido, la vacunación y las formas de prevenir y tratar la malaria.
La relación con las parteras y parteros tradicionales ha sido muy rica: es una “profesión” de vital importancia en el mundo rural, donde, en ocasiones, estos trabajadores de la Salud, son los únicos referentes con que cuenta la población. Una buena preparación y capacitación no sólo les ayuda a mejorar la asistencia al parto, sino un buen seguimiento de la mujer durante todo el embarazo, que permita poder detectar aquellos embarazos complicados a tiempo para poder ser referidos a centros de referencia especializados. En Angola la posibilidad de evacuación no siempre es posible, y estos embarazos terminan, en muchas ocasiones, con la muerte del bebé o de ambos. Los parteros se pasan el oficio de unos a otros. Ser mujer me ha permitido una mayor cercanía a las mujeres parteras.
Lo que más me llamó la atención desde el principio fue la manera tan particular de vivir el dolor: los angoleños tienen un umbral del dolor altísimo y se transforma rápidamente en resignación, algo impensable en nuestro país. Angola ha vivido, de hecho, uno de los conflictos más largos del continente africano. Casi treinta años de violencia que dejaron un territorio rico en petróleo, diamantes y recursos naturales devastado, completamente desestructurado y plagado de minas. Precisamente la aparición de varias minas en una de las carreteras supuestamente limpias que unían localidades de la zona obligó a suspender parte de las actividades del proyecto de Acción contra el Hambre: fue sin duda uno de los momentos más duros –en los que te preguntas el sentido de tantos esfuerzos de ayuda humanitaria cuando pueden ser interrumpidos tan fácilmente por la violencia.
Creo que ahora descansaré unos meses en su casa antes de su próxima misión, pero tango ya claro que quiero especializarme en el campo de la nutrición.
Isabel Barranco estudió medicina en Granada. Siempre tuvo claro que quería poner sus conocimientos de medicina al servicio de los que menos recursos tienen.



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