12/03/2007
Dotora
Tenemos casi un timad de tierra aquí, en la población de Moto. Nuestros ingresos dependen en gran parte del café. El año pasado gané unos 160 birr (unos 13 euros) con la venta de café a la cooperativa local, que paga precios más altos que los comerciantes privados. También vendemos plátanos. Intentamos dejarlos en el árbol el mayor tiempo posible, porque si no, no duran mucho. Tratamos de quedarnos con algunos para que coman los niños, pero habitualmente nos hace más falta el dinero que la fruta.
Hasta hace algunos años me dedicaba al comercio del café. Poco a poco y a lo largo de varios años conseguí tener algo de ganado que después vendí para obtener el capital que me permitió iniciar mi negocio de comercio de café. Iba de un mercado a otro, tratando de comprar a bajo precio y de vender donde pudiera conseguir el precio más alto. Pero hace unos cuantos años los precios cayeron muchísimo y perdí todos mis ahorros. Quisiera recuperar aquellos tiempos y volver a comerciar con el café, pero no se me ocurre cómo ahorrar lo suficiente para volver a entrar en el mercado.
Se puede pedir un préstamo a las familias más ricas de la comunidad, pero a un interés muy alto, normalmente el 100%. Es imposible negociar un interés más bajo, pero a veces se puede pedir la ampliación del plazo de devolución. Ahora mismo tengo una deuda pendiente de unos 50 birr (unos 4 euros) y no dudaría en pedir más dinero si tuviera un problema urgente de salud; es la única forma.
Muchas familias piden dinero prestado. Casi todos los préstamos grandes son para construir casas. Hacen falta cerca de 800 birr (unos 67 euros) para comprar madera, barro y bambú de una calidad lo suficientemente buena como para construir una casa. A veces las familias tienen dificultades para devolver los préstamos y entonces la comisión de líderes del pueblo interviene para tratar de mediar en el conflicto. Suelen ser bastante justos; sólo recuerdo una vez en que la comisión obligó a una familia a vender sus bienes para devolver el préstamo.
Asada
Llevo varios meses enferma, con dolor de estómago y de huesos todo el tiempo. Desde que me siento tan mal, Dotora, mi marido, ha tenido que ocuparse de casi todo el trabajo de la casa. No sé por qué estoy enferma. Cada vez que voy a la clínica a comprar medicinas, tenemos que vender algo para poder pagarlas. La última vez tuvimos que vender un pollo pero, cuando no tenemos nada que vender, Dotora tiene que pedir dinero prestado para las medicinas. Cuando estoy un poco mejor, busco trabajo en las tierras de otras personas y gano unos 2 birr [unos 17 céntimos de euro] por medio día de trabajo, que utilizo para comprar algo de harina o de leche para los niños.
Todavía nos las arreglamos para hacer tres comidas al día, aunque no siempre comemos la misma cantidad. Estos últimos días hemos tomado kocho en el desayuno, la comida y la cena, y anoche pude poner también algunas verduras. Esta mañana tomamos café, que no siempre tenemos. La última vez que comimos carne fue en Navidad, hace unos cuatro meses. La iglesia recogió donativos de todas las familias que pudieron entregarlos, compró un animal, lo sacrificó y luego dio una fiesta para toda la comunidad. Navidad y Semana Santa Santa son, habitualmente, los únicos momentos del año en que comemos carne.



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