06/05/2007
Vive en otra de las chozas de adobe de otra de las aldeas a las afueras de Lilongwe. Ella, su marido y su pequeño Mike, de 4 años, están enfermos de sida. La hija mayor, de 8, no se ha hecho la prueba. Fatuma tiene 22 años, se infectó antes de tener a su hijo, es decir, a los 18 años aproximadamente. Sigue defendiendo a su marido y diciendo que no cree que estuviera con otras mujeres antes de tener a su hijo.
¿Saben en la aldea que sois seropositivos?
No, no se lo hemos dicho a nadie. Nos echarían porque creen que nos han echado un mal de ojo.
¿Cómo se encuentra tu hijo?
Tuvo que dejar la escuela hace unas semanas porque la enfermedad le dio mucha fiebre y le dejaba muy cansado. Así que ahora no va a la escuela. Yo tampoco puedo trabajar, estoy siempre muy cansada y no tengo fuerzas para salir de casa.
¿Sabías lo que era el sida antes de infectarte?
Sí, todo el mundo lo sabe, pero no creía que me pudiera pasar a mi. Además, tampoco sé cuando me infecté. Mi hermana por ejemplo, no ha querido hacerse la prueba y no está enferma. Quizás no me la tendría que haber hecho.
¿Por qué no tomas antiretrovirales?
Porque para ir a por ellos debo andar más de 3km con Mike en mi espalda y no tengo fuerzas. Además, no quiero que se enteren en la aldea.
Pero si no puedes trabajar, ¿qué coméis?
Tenemos una pequeña huerta al otro lado del pueblo que nos dará algo más de un saco de maíz este año.
Llega su hermana y dejamos de hablar del tema. Fatuma ha perdido mucho peso, no deja de toser (sus pulmones están muy afectados por la enfermedad) y parece que tiene fiebre. Sostiene en su regazo al pequeño Mike, que llora porque le duele al toser y tiene la mirada ida mientras se acurruca en el pecho de su madre.

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