TESTIMONIOS

 


ALEGRÍA Y POBREZA EN MALAWI

12/12/2005


Un país con muchos niños es un país alegre. Uno con pocos ancianos, es un país pobre. Malawi es un país alegre y muy muy pobre.

 

1 de noviembre, día de difuntos. De camino a una de las zonas más afectadas por la hambruna, Kasungu, seguimos un coche fúnebre. Las mujeres visten de un blanco inmaculado. No lloran. Cantan. Con una mano acarician el ataúd que viaja con ellas. Parece un ataúd pequeño. Demasiado pequeño. No es de extrañar porque aquí la esperanza de vida no supera los 38 anos.

 

Circulamos por la M1, la carretera que atraviesa el país de norte a sur. Hay vida al lado de esta arteria. Pero cuanto más nos alejamos del camino, más oxígeno le falta al país.

 

Acción contra el Hambre tiene una de sus bases en Kasungu. Estos días centra gran parte de su actividad en esta zona del centro de Malawi. Preparan el inicio de la distribución alimentaria, que comenzará la semana que viene. Desde la base acompañamos al equipo de Acción contra el Hambre-España (ACF-E) hasta las zonas afectadas. Son dos horas de tortuoso camino.

 

Seis mil hogares se beneficiarán de esta distribución. Miembros de Acción contra el Hambre junto con un comité de representantes locales lleva a cabo ahora la selección de los beneficiarios. Elegir a los más vulnerables de entre toda una población necesitada no es tarea fácil.


Sólo aquí, Acción contra el Hambre pretende llegar a 30.000 personas. Una de ellas es John. Vive en una pequeña aldea del distrito de Kasungu, llamada Kameto. Tiene 20 años y perdió a su padre en otra crisis, hace tres anos. Él y sus seis hermanos han empezado a desesperarse. En las últimas semanas han visto morir cinco cerdos. Ya no tienen con qué alimentar el ganado. Sólo les queda una hembra esquelética que, por suerte, aguantó un parto de siete lechones. John nos cuenta que han empezado a comer raíces de banano e incluso la corteza de los árboles. Nos lo cuenta sonriendo.

 

En otro pueblo cercano, Chimgogo, el profesor Edward W.M.N Banda nos explica que los niños han empezado a dejar de asistir a la escuela. Los que van, nos dice, no atienden porque la falta de comida les hace estar todo el día somnolientos. "¿Qué futuro les espera si no pueden ser educados?" Se lamenta. Él mismo nos acompaña a una casa. Dolin Nyilenda nos enseña lo que tiene para alimentar a sus tres hijos. Sólo un poco de harina con la que hacen nsima, un puré de maíz, que es la base de su dieta. "¿Y mañana?” “Mañana, no lo sé", nos dice Dolin con una sonrisa.

 

Las familias ya no tienen maíz. La última cosecha fue desastrosa a causa de la sequía y de una mala política gubernamental con los fertilizantes. El mercado, por ejemplo el de Mponela, en la zona centro, está lleno de fruta y verdura. Pero la gente no compra. Los precios se han empezado a disparar, sobre todo el del maíz. Una pequeña bolsa para alimentar un solo día a una familia vale ya 150 kwachas, lo que equivale a un euro. Un gasto inalcanzable para el 74 % de la población.

 

La época de lluvias esta a punto de llegar y la situación puede empeorar, con el incremento de enfermedades como la malaria, el cólera... Kathy, forma parte del equipo de educación y salud de Acción contra el Hambre. La acompañamos a Simlemba, donde da una charla de higiene y VIH-Sida. Se ha acercado mucha gente de las aldeas de la zona. Kathy nos cuenta que éste es también un periodo donde incrementa la infección por VIH, porque muchas mujeres mantienen contactos sexuales a cambio de comida o dinero. Aquí en Simlemba empezara la distribución.

 

Igual que los niños en la escuela, a los hombres les cuesta seguir las recomendaciones de Kathy. Están demasiado débiles. No tienen fuerzas tampoco para trabajar el campo. Algunos de ellos están enfermos. Muchos con VIH. Precisamente, Acción contra el Hambre lleva a cabo una investigación sobre la relación entre desnutrición y Sida y sobre cómo los dos factores se retroalimentan. "Eso es pobreza", dice Andrés Narros, el jefe de misión en Malawi. No puede entenderse la pobreza sino como un prisma con muchas caras”.

 

En los pocos días que llevamos aquí muchas personas nos han expresado ya sus mejores deseos. Que Alá os acompañe, nos dicen unos. Que Dios os guíe en vuestro trabajo, rezan otros. A nosotros nos gustaría decirles: Que el primer mundo esté contigo Malawi.

 

Neus Reig, periodista

 

 


 

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