12/01/2009
Visto desde fuera los corresponsales somos turistas que vivimos al amparo del “gratis total” de nuestras empresas, que pagan aviones, hoteles y comidas en todos los rincones del mundo. Pero los daños colaterales de viajar como periodista –imagino que esto mismo pensarán los cooperantes- son que el acercamiento por motivos profesionales a los lugares impide casi siempre disfrutarlos como a uno le gustaría o como muchos piensan que los disfrutamos.
Mientras preparaba la maleta para viajar a Malí en compañía de una misión de Acción contra el Hambre recordé aquel compañero al que le dijeron antes de ir a este mismo país: “¡Mali, qué bien, las playas, las palmeras, el mar azul turquesa...”.
Muchas horas de coche, nada de hoteles de lujo, comidas a la carrera y lo que mi colega Nicolás Castellano, de la cadena Ser, siempre lamentará: no pudimos acercarnos a ver los hipopótamos en el río Níger. Esta no va a ser sin embargo una crónica de lamentos y quejas sobre todo porque la experiencia creo que fue tremendamente enriquecedora para todos. Efectivamente íbamos para trabajar, pero el viaje mereció la pena en todos los aspectos y nos vimos rodeados de decenas de personas de las que aprendimos lecciones a diario.
Yo sabía que el protocolo de seguridad impedía que me pusiera al volante del todoterreno en el que Mohamed pasaba horas y horas sin expresar la más mínima fatiga ni poner una mala cara, pero no pude evitar preguntarle un par de veces si quería que le echáramos una mano al volante. La respuesta la conocía de antemano, pero era una cuestión de buenas maneras porque el asfalto que teníamos ante nosotros se convertía a menudo en un auténtico martirio por muy entrenado que esté este tuareg de hierro.
Nico chapurreaba con él en árabe, yo en francés y Carlos Riaza, de Acción contra el Hambre, más anglófono que otra cosa, como podía. Acabábamos entendiéndonos. Más nos valía porque entre Mopti y Gao, primero, y Gao y Bamako, después, recorrimos unos 1.800 kilómetros en veinte horas de carretera. El cordero servido en papel de saco de cemento que degustamos en un garito de carretera en Douentza estaba más que aceptable.
En Hamakulayi, que cuenta desde hace pocos meses con pozos de agua potable, comprobamos cómo tres “extraterrestres” éramos suficientes para alterar la vida de toda una aldea, que no recuperó su normalidad hasta que el trío de blancos nos dimos media vuelta en nuestra nave marca Toyota.
En Wabaria, mientras en el resto del mundo se empezaba a comparar la actual crisis con el batacazo de 1929, los niños con malnutrición severa acudían al centro de salud para confirmar los malos presagios de sus vientres hinchados y sus calvas prematuras. Esa sí que es una hipoteca basura.
En Kadje las mujeres llevan un año tratando de mantener con vida un huerto que, sorprendentemente, se mantiene a duras penas en la orilla misma del río. El problema, ahora que brotan los cacahuetes, los tomates o las coles es que, en plena noche, llegan las cabras y se dan en gran atracón. Nos lo contó Fatumata, una de las abuelas del poblado.
En pleno centro de Gao, el padre Anselmo, que nunca pregunta sobre la fe del que tiene delante, trata de gestionar el flujo de subida y bajada de emigrantes sin papeles que tratan de alcanzar el Magreb y después Europa o bien regresar a sus casas desesperados y hundidos. Escuchar el testimonio de este cura merecería ser de precepto, cual misa dominical, para aquellos que pontifican a la ligera sobre cómo afrontar el problema.
Ni Douentza, ni Hamakulayi, ni Wabaria, ni Kadje ni siquiera Gao creo que sean lugares recomendables para el turismo convencional, aunque de allí me traje mucho más que un viaje, una rica experiencia vital más, y eso que no viera los hipopótamos y el cordero me lo sirvieron en papel de saco de cemento.
Luis de Vega, trabaja como redactor y fotógrafo en el periódico ABC desde 1994 y desde 2002 ocupa la corresponsalía en el Magreb, con base en Rabat. Entre otros, ha cubierto el conflicto palestino-israelí y la guerra de Irak, y en los últimos años ha sido parte importante de su trabajo el seguimiento desde África de los movimientos de los emigrantes clandestinos.

Regístrate aquí
Licitaciones
SÍGUENOS Y ACTUA
© 2009 Acción contra el hambre | Contacto | Política de Privacidad