07/04/2008
Belén Cualón viajó desde su Monzón natal, en la provincia de Huesca, hasta Níger para hacer una encuesta nutricional. Belén es enfermera y ésta es su segunda misión en el terreno, tras dos meses y medio en Malí. Hasta aquí podría ser la historia normal de una cooperante más. Pero el recorrido de Belén ha sido el inverso: primero crió a sus tres hijos (hoy tienen 25,19 y 11 años), primero, hace trece años se hizo socia de Acción contra el Hambre, y sólo entonces realizó sus deseos de aplicar con los más pobres sus conocimientos profesionales. Así nos lo ha explicado:
¿Qué te llevó a tomar la decisión de salir al terreno?
Digamos que yo empecé mi casa por el tejado: primero tuve a mis hijos, después estudié y ahora hago misiones en la profesión que siempre quise tener. Me lo permite mi trabajo en una UVI móvil en Monzón, acumulo días de descanso, y en mis vacaciones marcho al terreno con misiones cortas con Acción contra el Hambre. Todo gracias al apoyo de mi familia, espero que mi marido, que es agricultor, pueda seguirme algún día.
¿Y tus hijos qué opinan?
Cuando vuelvo intento explicarles todo con las fotos que me traigo. Trato de hacerles entender que la realidad que ellos viven no es la única, que en otros lugares del mundo hay niños que mueren de hambre. Lo único que intento es transmitirles valores, ellos se quedarán con la parte que quieran, pero yo al menos les hago ver otros mundos. Luego ellos lo cuentan en el cole a sus amigos, y así el mensaje se multiplica. Mi hija pequeña quería venirse esta vez conmigo, así que le llegó a pedir a su maestra que le mandase los deberes por Internet.
¿Es muy distinto tu trabajo en Monzón del de países como Malí?
La diferencia principal es que en las emergencias ves inmediatamente el resultado de tu trabajo. Salvas una vida en cuestión de minutos. En cambio con las encuestas nutricionales hay que ser un poco más paciente, consolarte sabiendo en marcha que luego los proyectos de meses y años se construirían sobre la base de lo que tú hayas trabajado.
¿Qué es lo más duro de la experiencia en el terreno?
Desgraciadamente, por mi trabajo, veo morir a menudo. Siempre lo sientes muchísimo pero acabas estando preparada para ello. Pero a nivel personal lo más duro es estar lejos de los míos, aunque hablo con mi marido todos los días, a menudo te sientes un poco sola pese a estar rodeada de gente.
¿Y lo más bonito?
Lo que más gustaba en Malí era... ¡hacerme amiga de todos los niños de la calle! Nada más llegar me llamaban tubabu, tubabu (blanca) y luego ya venían todos los días a verme. También fue muy valioso trabajar con el conductor del coche en el que viajaba, él me habrá puertas en las comunidades y me ayudaba a explicarle a la familia, en su lengua local, que su niño estaba muy enfermo y había que llevárselo al centro nutricional.



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