24/02/2007
Mi mujer y yo tenemos cinco hijos y todos van a la escuela. Los mayores viven con su hermano mayor aquí cerca y los pequeños viven con nosotros en esta casa. Fuimos voluntariamente a hacernos los análisis de VIH porque los vecinos del barrio dicen que conviene saber cómo estás. Cuando nos hicimos los análisis nos dijeron que mi esposa es positiva y yo negativo. Nos dijeron que volviéramos a repetirnos las pruebas pasados tres meses. Así lo hicimos y los resultados fueron los mismos.
Los únicos síntomas que ella tiene son malaria y dolores de cabeza, y a veces se siente muy débil. Tratamos de no lamentarnos por nuestra situación, sino de llevar una vida positiva y de seguir haciendo lo que siempre hemos hecho. Sabemos que hay muchas personas enfermas en el barrio, no somos los únicos que tenemos que afrontar esta situación. Hace ya un año que vamos al consultorio y desde que se confirmó la situación de mi mujer hemos ido cada dos meses. Le dan antibióticos, vitaminas y un medicamento para la tos. No sé de qué forma deberían atender los médicos a mi mujer, o cuáles son las medicinas adecuadas, pero lo que le dan no es suficiente. Yo quisiera que ella empezara con el tratamiento antirretroviral, pero no tengo dinero, y eso es un problema. No puedo pagar este tratamiento ni los recuentos de CD4; sólo puedo conseguir dinero para alimentar a mi familia.
Nunca hemos ido a un hospital porque no tengo un empleo fijo, sólo trabajo a destajo ocasionalmente. Cuando gano una cantidad razonable compro comida y ahorro algo para los uniformes y el calzado para que los niños puedan ir a la escuela. Nadie de nuestra familia, ni siquiera la familia por parte suya, conoce la situación de mi mujer, así que no podemos pedir ayuda a nadie. Sólo lo sabemos nosotros dos y seguiremos sin decirlo, porque a veces es difícil que la familia lo entienda; pueden menospreciar a mi mujer y yo creo que vivirá más tiempo si se evitan este tipo de cosas. Decidimos juntos que sólo se lo diremos a la familia y a los niños si la situación cambia y se pone muy difícil.
Tenemos suerte de que mi esposa tenga buen aspecto. Sabemos que una buena alimentación es importante y le ayuda a mantenerse saludable. Cuando tenemos dinero compro batatas y panecillos porque la medicación y una alimentación adecuada ayudan a que tenga buen aspecto. Temo que si la gente sabe que mi mujer es VIH-positiva empiece a cotillear y a decirle “estás enferma” cada vez que tenga un problema con alguien.
Estamos casados, seguiremos juntos y esto quedará entre nosotros. Utilizamos preservativos, por lo que quizá la enfermedad no vaya a más. Pase lo que pase seguiré con mi mujer porque hemos compartido muchas cosas.
Anónimo (48 años. Distrito de Chipata)

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