23/09/2007
Antes iba a las zonas ricas de la comunidad a trenzar el cabello de las mujeres. Era un buen trabajo y me permitía ganar algo de dinero. Pero empezó a darme vergüenza hacer ese trabajo, porque la gente me hacía muchas preguntas sobre mi salud y sobre las razones por las que había adelgazado tanto. Así que decidí quedarme en casa. Mucha gente de por aquí cotillea sobre mi aspecto, pero trato de no prestarles atención.
Cuando dejé de trabajar haciendo trenzas empecé a vender “kachasu” (un licor casero cuya elaboración es ilegal) porque es la única forma que tengo de ganarme la vida y, por lo menos, es mejor que pedir limosna. Con la venta del “kachasu” obtengo un pequeño beneficio que empleo en comprar comida para mis hijos, algunas verduras, pasta de maíz y carbón. Una vez, vino la policía y me llevó a la comisaría acusada de vender el licor.
Tuve que pagar una multa y tiraron el alcohol que tenía en dos contenedores y que acababa de comprar a crédito. Ahora debo mucho dinero a la persona a quien le compré el licor. Me gustaría dejar de venderlo pero, si dejo de hacerlo ¿qué será de mí? Mis hijos pasarán hambre y nunca tendré el capital suficiente para poner en marcha otro negocio.
Hay muchos negocios legales a los que podría dedicarme si tuviera capital. Podría vender sardinas o ir a Chikwepe (una población cercana en la que hay un mercado) a comprar y vender verduras y batatas. Preferiría vender esos productos antes que vender mis pertenencias, como he tenido que hacer en el pasado. Si me sintiera más fuerte, podría incluso ir a limpiar casas, lavar y planchar ropa y cosas por el estilo. Pero estoy tan débil que es mejor vender cosas, así puedo estar sentada.
Beauty Ziko (Distrito de Chipata)



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