16/05/2007
Nos hicimos cargo de nuestros nietos cuando sus padres, mi hija pequeña y su compañero, fallecieron. Mi hija aún iba a la escuela cuando dio a luz a sus dos primeros hijos, unos gemelos varones. Poco tiempo después volvió a quedarse embarazada, esta vez de dos niñas gemelas. El parto se desarrolló sin problemas, pero al cabo de un tiempo mi hija empezó a sentirse mal, con fiebre alta.
Volvió a enfermarse cuando las niñas tenían como un año de edad. Se le hincharon tanto las piernas que dejó de caminar y tuvimos que ponerla en una carretilla para poder acercarla hasta el minibús que la llevaría al hospital, donde estuvo una semana ingresada. Los médicos nunca nos dijeron lo que le pasaba a nuestra hija; tan solo supimos que había muerto. No sé cuál fue la causa de la muerte de mi yerno porque, en cuanto mi hija nos dejó, se marchó de nuestra casa a vivir con sus padres. No supimos que estaba enfermo; sólo nos enteramos de que se iba a celebrar su funeral. Yo quería haber asistido, pero no teníamos dinero para el viaje.
Al morir sus padres, los cuatro bebés quedaron a nuestro cargo. Yo todavía trabajaba como conductor en la mina de Kitwe, pero poco después dejé el trabajo porque era demasiado viejo para seguir allí. Al principio todo iba bien. Compraba leche infantil y los niños crecían sanos, pero un día los dos varones enfermaron. Yo recibía una pequeña pensión por mi trabajo y utilicé una parte de ese dinero para comprar medicinas. Tenía que ahorrar el resto para poder mudarme desde la zona de la mina al lugar donde vivimos ahora.
Al igual que sucedió con mi hija, no sé por qué enfermaron los dos niños. No los llevamos al hospital porque cuando dejé de trabajar eliminaron mi historial de los archivos del hospital de la mina, y el dinero que había guardado para comprar medicinas no era suficiente para llevar a los niños a ningún otro sitio.
Todavía sufría por la muerte de mi hija cuando uno de los niños falleció. Eso fue antes de mudarnos. El otro niño murió cuando llegamos aquí, así que nos quedamos con las dos niñas. Siempre he estado preocupado por su salud y me preguntaba qué pasaría si ellas también fallecieran pero, gracias a Dios, ahora estamos en un lugar donde hace mucho tiempo que no hay enfermedades.
Saion Songolo, (68 años. Distrito de Zamtan)



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