20/10/2008
¿Sabían que la miel también puede ser angoleña? La apicultura ha roto fronteras y desde hace varios años se desarrolla en países lejos de la vieja Europa, como en Angola, donde tanto el gobierno como las ONG la ven como un área de trabajo de gran potencial. Allí trabaja con jóvenes apicultores Maximiliano Verdinelli, cooperante argentino de Acción contra el Hambre y coordinador del proyecto financiado por la Unión Europea que la organización desarrolla en la zona desde 2006.
¿Por qué pensasteis producir miel en Angola?
Angola tiene muchos recursos hídricos y una gran cantidad de floresta, dos factores idóneos para la producción de miel. A pesar de que el proceso está siendo lento por falta de técnicos lo suficientemente formados para dar sustento a los programas, se comienzan a ver algunos resultados: los comercios de las grandes ciudades ya exhiben entre sus productos miel local que comienza a ganarle el pulso a la miel importada, de manera que se contribuye a la distribución de rentas, generando ingresos para los pequeños productores locales.
¿En que consiste el proyecto que tú coordinas?
A principios de este año, la organización comenzó una experiencia piloto, inédita, con 18 apicultores de 6 aldeas del municipio de Chicomba. A todos ellos les distribuimos colmenas denominadas de cuadros móviles, las típicas que se ven en Europa, pero que aquí suponen una innovación en la producción enorme. Mientras probábamos su eficacia, paralelamente, formamos a todos estos apicultores en 14 encuentros donde les hemos dado nociones de apicultura, desde la captura de enjambres hasta el uso y exploración de las colmenas.
¿Cómo han acogido esta iniciativa los apicultores locales?
Es sorprendente el entusiasmo que han mostrado estos apicultores desde el primer momento. La asistencia a los talleres de formación ha sido masiva y creo que todos ellos han aprendido mucho sobre las nuevas técnicas de la apicultura. Muchos no conocían nada sobre la organización social que existe dentro de una colmena y quedaron aún más sorprendidos cuando conocieron la función que cada abeja desempeña en sus diferentes estadios de crecimiento dentro de la colmena.
Supongo que para una iniciativa tan novedosa os habrá hecho falta llevar mucho material que no existía en Angola…
Bueno, lo primero que hemos distribuido han sido máscaras con mosquitera, porque aunque parezca increíble, los apicultores tradicionales no las usaban y recibían muy a menudo picotazos de las bravas abejas africanas. El trabajar protegidos les permite acercarse más a las abejas, conocer más sobre ellas y hacer su trabajo sin ningún peligro. Además de las máscaras, también hemos adquirido el equipo básico de acero inoxidable que se necesita para garantizar la inocuidad y calidad de la miel, y por eso ahora estamos en condiciones inmejorables de lograr miel limpia de impurezas.
¿Qué resultados esperáis obtener con esta experiencia?
La meta del proyecto es abrir un mercado para los apicultores que vaya más allá de los límites de sus aldeas. Esperamos obtener buenos resultados de esta primera prueba y con ello, que nuestros beneficiarios se motiven unos a otros para continuar produciendo miel. Esto es esencial para lograr cohesión en el grupo y que se unan no sólo para compartir los equipos que les hemos distribuido sino también para fortalecerse como cooperativa y comercializar así mejor su producto. Como en todos los proyectos de seguridad alimentaria que desarrollamos, el fin último es la autosuficiencia local y por eso es crucial fortalecer a estos profesionales no sólo en el aspecto técnico sin también en el económico y el financiero. Debemos dar respuesta a otros eslabones de la cadena de producción apícola como la fabricación local de colmenas, de manera que la inversión por parte de los apicultores sea viable y sostenida en el tiempo, para lo que estamos apoyando a una institución local, la escuela de oficio del municipio de Chicomba en el área de carpintería. El camino por recorrer es largo pero los resultados están siendo muy buenos. Estamos trabajando con organizaciones locales para lograr que la apicultura sea una actividad económica más en un futuro muy próximo, para que la rica miel angoleña sobrepase fronteras y quien sabe, ¡algún día la encontremos en una tienda española!



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