15/04/2009
¿Cuándo empezaste a trabajar con Acción contra el Hambre?
Hace 2 años y cinco meses. Antes trabajaba como ingeniero civil en temas de infraestructuras y obras con alcaldías y gobierno civil de la zona.
¿Cuáles son tus principales funciones?
Liderazgo del área de agua y saneamiento en proyectos relacionados con acceso a agua potable, capacitación en saneamiento básico, manejo del agua y mantenimiento de sistemas e infraestructuras.
¿Qué proyectos prefieres o de cuáles estás más orgulloso?
En general me gusta todo el proceso, pero especialmente prefiero el final de la actividad, ver que tiene un fin y que la gente se da cuenta de lo que va a suponer para ellos. Por ejemplo, en la localidad de Potrerito, donde en febrero de 2002 todos los habitantes tuvieron que huir “a pie descalzo” por un ataque combinado de paramilitares y ejército con morteros y aviación. Tras vivir desplazados en los suburbios de grandes poblaciones cercanas, hace tres años y medio nueve familias decidieron que era mejor regresar. Se encontraron todo el pueblo destruido e invadido por las plantas, sin nada de lo que pudieran vivir. Comenzamos con una misión de emergencia mediante una olla comunitaria y después construimos una escuela y reparamos las infraestructuras de agua, a la vez que se daba material de siembra. Ahora las familias quieren regresar y ya hay más de 30. Me gusta ver que el esfuerzo sirvió y quitarles parte del sufrimiento y dolor que llevan. Traerles la alegría de vivir de nuevo.
¿Y cuáles son los más difíciles?
Lo más complicado son las acciones de capacitación porque en la universidad no te enseñan a relacionarte con la gente. Para mí era un reto en el que he mejorado día a día, hasta que he perdido ese miedo que me daba la parte de relaciones humanas que conlleva la formación.
En un país tan complicado social y políticamente como Colombia, ¿qué supone trabajar para una organización humanitaria?
No tenía ninguna experiencia en la ayuda humanitaria. Yo empecé sólo porque necesitaba un trabajo, pero poco a poco le cogí amor y me comprometí con el trabajo. Porque para trabajar aquí no vale sólo con el conocimiento, si no que hace falta vocación y querer darle algo a la gente. Ahora pienso que ojalá pudiera jubilarme así, aportando mis conocimientos técnicos a estas comunidades.
¿Qué sientes cuando los Wiwa (la etnia indígena más cerrada de la Sierra Nevada de Santa Marta) piden tu currículo para ejecutar un proyecto usando los fondos regionales que les han concedido porque no se fían de nadie más?
La clave para trabajar con los indígenas que han sufrido tantos abusos y presión política y social es la confianza. Estos fondos suponen un dinero que maneja la alcaldía regional, que cuando es gestionado por ellos nunca acaban de finalizarse las obras, y además buscan el menor coste para quedarse con parte del dinero. Por eso los Wiwa confían en nosotros porque han visto los proyectos funcionando. Acción contra el Hambre se ganado esta confianza porque hace un trabajo ejemplar, y que me pidan que lo dirija yo es importante y un honor. No podía hacerlo por mi compromiso con Acción contra el Hambre, pero les recomendé a alguien de confianza y así me responsabilizo de alguna manera.
¿Qué les dirías a las miles de personas que, como socios, apoyan la labor de Acción contra el Hambre y que leen esta revista?
Que Acción contra el Hambre en Colombia ha alegrado caras tristes, ha ayudado a levantar el ánimo y las ganas de vivir a familias que han sufrido y vivido la violencia de este país. Como técnico doy fe de estas palabras porque lo he vivido con esas familias y he visto cómo cambiaba el gesto de sus caras.
Camilo Ernesto Rivero Lacouture, técnico de agua y saneamiento, Valledupar



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