15/12/2008
La pendiente es demasiado elevada como para sostenerse sin la ayuda de una mano amiga o de una rama en la que aferrarse, bajo riesgo de caer rodando como una auténtica pelota. Ellos se ríen de nuestra gran destreza para dar un paso adelante y dos para atrás. En estas condiciones trabajan los pequeños agricultores de la aldea de Piedra Parada en Jocotán.
Es difícil concebir cómo pueden sobrevivir trabajando estos terruños. De hecho, con lo que obtienen de maíz y frijol, apenas les da para alimentarse durante la mitad del año, así que el resto del tiempo, los hombres de la aldea marchan hacia Honduras para la zafra, la recolección de caña de azúcar. Las mujeres, los ancianos y los niños permanecen en la aldea, de casitas de adobe y tejado de hoja de palma, a la espera de que sus hombres vuelvan con algo de dinero y algo con lo que llenar el estómago el resto del año. Y así año tras año. Este panorama resume en líneas generales la situación de pobreza, precariedad e injusticia que marca la vida rural en este rincón de Chiquimula en Guatemala, y que define la puesta en marcha de programa plurianual de desarrollo que financia el Gobierno de Navarra, llevado a cabo por Acción contra el Hambre de la mano de la Mancomunidad Copanch’ortí (nuestro socio local) en cuatro de los municipios más pobres del país: Jocotan, Camotan, San Juan Ermita y Olopa.
El equipo de la base de Jocotan, nos ha organizado, a las dos voluntarias veteranas del equipo de la delegación en Navarra que me han acompañado y a mí mismo, la agenda durante nuestra visita de seguimiento. Una agenda repleta de reuniones con los técnicos de la Mancomunidad y las autoridades locales, visitas a grupos de beneficiarios, participación en sesiones de capacitación a líderes locales, visita sobre el terreno de los avances de las distintas actividades…. Todo ello nos ha proporcionado una visión actualizada y completa del proyecto. Un proyecto de compleja ejecución, en la medida en que se centra básicamente en la génesis de “cosas” a veces un tanto intangibles: estudios de diagnóstico, elaboración de planes de agro-negocios individualizados para los colectivos beneficiarios, realización de capacitaciones y fortalecimiento institucional. Se trata de un proyecto que trabaja fundamentalmente con personas, y eso lleva su ritmo, y sin embargo, es de ese tipo de proyectos que merecen la pena, pues al final lo que se va a conseguir y lo que quedará para el futuro es que, por ejemplo, el grupo de mujeres artesanas que hacen bolsos con fibra de maguey, puedan comercializarlos a un precio justo que cubra sus horas de trabajo y materia prima de forma digna, o que el grupo de producción de peces conozca cómo preparar su producto de tal manera que tenga una mejor entrada en el mercado, o que los agricultores de Tituque aprendan nuevas técnicas agroforestales que mejoren su seguridad alimentaria y que de paso les prevengan de los deslizamientos de tierras en sus dominios, o que los colectivos beneficiarios tengan una figura legal que les legitime ante los diferentes organismos, o que ….. Al final, eso es lo que queda, unos ciudadanos y ciudadanas, más fuertes, con mayores competencias y habilidades, que en definitiva van a mejorar las condiciones de vida de sus familias y del resto de la sociedad rural de esta parte de Chiquimula. Quizás en un futuro no necesiten ya marchar para Honduras.
Mis amigas voluntarias, nos comentan cómo, tras trabajar duro durante más de 8 años en la retaguardia en la Delegación, han cumplido su sueño: poner rostro a esa realidad por la que luchan día a día. Ha merecido la pena.
Yo por mi parte, con el equipo técnico de nuestra Base en Jocotan, hemos repasado los niveles de ejecución actividad por actividad, la planificación de las mismas, los problemas encontrados, las posibles soluciones,… en definitiva, al fin y al cabo, un proyecto de cooperación es algo dinámico, en continua evolución y en mejora continua.
Es de noche. Volvemos cansados pero satisfechos para nuestro alojamiento en Chiquimula. Para cenar: frijoles, huevos estrellados, plátano frito, crema de leche y unas papas fritas, eso sí con chile bien picante. Carlos, el jefe de Base, se ríe, al ver la cara que pongo al probar el condimento. En la mente las caritas de los niños y niñas con desnutrición aguda de los centros nutricionales de Jocotán. Ha sido un día intenso, rodeados de personas que ponen todas sus expectativas en este proyecto. Intuyen que tiene algo de luz y horizonte que deben aprovechar, y para lo cual se deben implicar plenamente.
Iñaki San Miguel, delegado de Acción contra el Hambre en Navarra



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