23/01/2008
Maite Martín Sierra es jefa de misión de Acción contra el Hambre en Centroamérica. Está casada con otro cooperante y es madre de una niña de dos años. Después de 7 años de experiencia afirma que su trabajo es agotador pero gratificante, que queda mucho por hacer y que con una buena organización se puede llegar a todo. Maite nos cuenta su día a día en Managua y denuncia la escasa cobertura informativa que se le ha dado al huracán Félix, una emergencia que ha vivido en primera persona y que ha dejado más de 200.000 afectados en una de las regiones más pobres de Nicaragua.
A pesar de controlar su trayectoria, el paso del huracán Félix dejó a más de medio millón de afectados. ¿Qué falló en la prevención?
Todos, ONG, afectados e instituciones, subestimamos el impacto del huracán. Los equipos se habían desplazado a Honduras donde su trayectoria indicaba que impactaría, pero en el último momento se desvió hacia la costa norte de Nicaragua. Acción contra el Hambre se desplazó inmediatamente al a región de Tasba Pri donde instalamos los primeros depósitos de agua potable. El desastre era total, es una zona muy pobre del país habitada principalmente por población indígena que, creyendo que el impacto sería menor, no abandonaron sus casas y se les vinieron encima.
Se puede decir que eres una experta en emergencias. Antes de Centroamérica has trabajado durante el conflicto étnico en Burundi, tras el tsunami en Indonesia… ¿con qué lecciones aprendidas te quedas? Me quedo sobre todo con la idea de que es absolutamente necesario, en la medida de lo posible, trabajar en la prevención. Se hace lo mejor que se puede pero la prevención es esencial para que desastres como el que causa un huracán puedan preverse con antelación.
Y además de jefa de misión y cooperante eres madre de una niña de dos años. ¿Cómo compaginas un trabajo tan intenso con tu vida familiar?
Con mucha organización y planificación. Tengo la suerte de que mi marido también es cooperante y además, cuento con apoyo de mucha gente que nos ayuda a compaginar trabajo y vida personal. Ahora mismo gestiono un equipo de 102 personas en tres países diferentes, tengo una persona que se encarga de la niña mientras yo trabajo y cuando salgo de la oficina, me dedico a ella todo lo que puedo hasta que se duerme, entonces vuelvo a ponerme delante del ordenador y termino lo que me quede pendiente. Es agotador pero muy gratificante.
¿Te ves dentro de diez años en la cooperación?
Seguramente sí. Dentro de la cooperación existen destinos y puestos de trabajo muy diferentes. A mí me gustan los contextos de emergencia pero sé que es algo que en unos años no podré hacer. La prioridad es estar con mi familia, así que nos dedicaremos a misiones más largas y estables. Aunque sea una opción de vida más complicada, mi marido y yo estamos convencidos de que a nuestra hija le aportará una riqueza que no tendría si viviéramos en España. Queremos que aprenda que lo que hay en España no es la norma sino la excepción.
¿Las condiciones laborales os permiten llevar esta vida en familia y a largo plazo?
Poco a poco las ONG se han dado cuenta de que si quieren apostar por gente con experiencia, ésta suele tener su vida hecha y es lógico que se quieran llevar a la familia con ellos. Por otro lado, aunque sea más complicado a nivel de Recursos Humanos gestionar la vida de expatriado de una familia, las ONG tienen claro que se trata de una buena apuesta a largo plazo, porque los que nos vamos con nuestros hijos al terreno estamos dispuestos a quedarnos más tiempo. Mi hogar está donde esté mi familia y eso proporciona una estabilidad profesional y emocional muy favorable para mi trabajo.



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