28/06/2007
Miguel García llegó en marzo de 2007 a Asunción para abrir la misión de Acción contra el Hambre en Paraguay, después de trabajar en países como Laos, Guinea, Guatemala y Bolivia. Allí trabaja junto con cuatro cooperantes y empleados locales, además de con integrantes de otras cinco organizaciones paraguayas, para poner en marcha el programa de seguridad alimentaria que será financiado durante los próximos cuatro años por la Agencia Española de Cooperación Internacional. En estas líneas nos presenta al país guaraní.
Algo debe de andar mal en un país cuando el artículo más vendido en los puestos callejeros de su capital son las maletas. En las aceras del centro de Asunción puede encontrase una enorme variedad de las mismas respecto a tamaños, colores, acabados, materiales... diversidad de formas para albergar equipajes en los que siempre está presente la frustración del que viaja... mejor dicho, del que emigra.
No hay estadísticas oficiales, pero en los trabajos de diagnóstico llevados a cabo por los equipos de Acción contra el Hambre en comunidades rurales del departamento de Caazapá, hemos podido comprobar cómo en algunas comunidades el 70 % de los jóvenes han dejado sus hogares para salir a la busca de oportunidades en Argentina o España. Sólo del municipio de Yuty, en el oeste de Caazapá, parte cada día un autobús con destino a Buenos Aires. La emigración masiva es un claro indicador de las enormes dificultades de la sociedad paraguaya para satisfacer sus necesidades esenciales; empleo, educación, salud, seguridad... y en no pocos casos, la capacidad para proporcionar una alimentación digna y suficiente para el conjunto de los hogares que la componen.
Paraguay es un país que pasa desapercibido entre la multitud de noticias e informaciones que suelen acompañar nuestra cotidianeidad. Tras este “anonimato” se encuentra un territorio situado en el corazón de Sudamérica, con una superficie cercana a la de España, aunque habitado tan sólo por 6.500.000 habitantes (la población equivalente a la Comunidad Autónoma de Madrid). Su geografía y su clima son “amables”, ajenos a los recurrentes desastres naturales que afectan a otros países de la región. Desde el punto de vista político la estabilidad debería ser una constante, teniendo en cuenta que el mismo partido controla todas las esferas del poder desde hace más de 50 años. Pero a pesar de todo esto, cerca de un millón de paraguayos hacen frente a insuficiencias alimentarias. Los problemas que afectan a esta sociedad, contrastan con su riqueza natural y cultural. Paraguay es el único país latinoamericano que puede considerarse bilingüe, ya que junto con el castellano, el guaraní es el idioma de uso común. El guaraní atesora excepcionales metáforas, así como una sorprendente poética y sonoridad. Tan solo un ejemplo, el término para designar a los árboles es ybyra, cuya traducción literal es “lo que será suelo”, toda una clase de ecología encerrada en una sola palabra. La cultura guaraní pervive en la música, las tradiciones y antiguas prácticas como la minga o trabajo compartido por las familias campesinas, una clara manifestación, aún vigente, del sentido de la solidaridad entre los paraguayos.
El trabajo humanitario en general suele asociarse a las emergencias que dictan conflictos armados, terremotos, inundaciones, largas sequías... Ésta había sido hasta ahora mi experiencia profesional, sin embargo, en el caso de Paraguay tengo la oportunidad, junto con mis compañeros, de que nuestro trabajo se anticipe a las peores consecuencias de una crisis socioeconómica cada vez más intensa, y que afectará de forma muy especial a las familias campesinas, debido a la creciente escasez de tierra fértil, a la débil organización comunitaria, a la caída de los rendimientos agrícolas y a la bajada en el precio de venta del algodón, principal cultivo de los pequeños agricultores.
Muchos de los habitantes de las zonas rurales en las que trabajamos han perdido la esperanza de poder construir un futuro digno en sus propias comunidades. En las reuniones mantenidas con grupos de familias y líderes comunitarios uno siempre escucha en guaraní, la expresión de sentimientos universales:”Roipota peteî tekoporave” “Queremos una vida mejor”, “Ikatu haguaicha la ore memby kúera oiko porâ ore apytepe, “..que nuestros hijos puedan vivir bien entre nosotros...”, “ha anive oho mombyryete”, “...que ya nadie tenga que irse lejos”. Nuestro objetivo es por tanto devolverles la ilusión, la confianza en si mismos y hacer posible junto con ellos ese cambio de horizontes tan anhelado.



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