30/11/1999
El rostro del hambre es el de una mujer. La pobreza extrema, incrementada por una condición precaria de la mujer, que no tienen poder de decisión, aislada. Mujeres embarazadas con un peso de 40 kilos, niños de cuatro kilos que no pueden caminar… niños que no juegan, incapaces de intercambiar una sonrisa.
Mi primera impresión fue la nada, esa pobreza en la que no hay nada, niños que van desnudos, hasta muy tarde, sucios y solos, muy delgados.
Mirada muy triste. De hecho las mujeres ni siquiera miran, están obligadas a mirar al suelo. El hambre allí es algo diario. Sólo comen arroz, y un poco de chile, eso es lo que comen todos los días.
¿Por qué psicología en cooperación?
Porque las causas de la desnutrición son muchas, no sólo está el acceso a la comida sino también el cuidado, el bienestar y el cariño. La salud mental influye en la salud física y en la desnutrición. Con estos proyectos abarcamos todas estas causas. No están cubiertas con el tratamiento nutricional.
Decir cosas con una sonrisa, acompañarles en la historia personal, recuperar dignidad. Ayuda alimentaria no es sólo
Lo que intentamos es humanizar los proyectos teniendo en consideración a la persona, sus circunstancias y su contexto, esto nos permite mejorar la intervención.
¿Qué aporta un Centro de Nutrición Terapéutica a parte de nutrición?
En la desnutrición el lazo afectivo entre madre e hijo se rompe por el estado apático del niño y la impotencia de la madre. Hay que volver a crear este lazo a través de la comida, del juego, masajes… Hay que estimularle psicológicamente.
Es necesario saber detectar las necesidades de los hijos, no sólo las físicas, también las emocionales.
Es importante la relación madre-hijo en el momento de la comida, del juego, del baño… Se intenta hacer algo para que las madres estén más motiaadas y encuentren espacio para la socialización, que influye directamente en su relación.
¿La mejor experiencia?
Una niña de 5 años, Casumar, no podía caminar, tenía problema para mover los brazos y no hablaba cuando llegó al centro Moungdo con su prima. Padecía un enorme retraso en su desarrollo fisico y mental. Pesaba unos 7 kilos. No ganaba peso y lloraba mucho porque no estaba con su madre, que debía atender a sus otros seis hijos, y la prima no le hacía mucho caso. Ganó peso, empezó a sonreír y a jugar con su prima y al final empezó a decir algunas palabras. Ahí te das cuenta de la importancia que tiene nuestra labor.



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