12/06/2006
Tita Cang, coordinadora de seguridad alimentaria de Acción contra el Hambre en Mindanao, después de trabajar durante más de 20 años en una agencia gubernamental, decidió cambiar de rumbo y unirse a nuestro equipo para ayudar más de cerca a su gente y, especialmente, a los miles de desplazados por el conflicto entre musulmanes y cristianos que viven sin tener acceso a los servicios básicos ni garantías mínimas de seguridad para el desarrollo. Tita nos cuenta con más detalle cuál es su situación.
“Los desplazados abandonaron sus casas sin llevarse nada, sólo con el deseo y la esperanza de sobrevivir al conflicto. Sus casas fueron totalmente destruidas. Pero, aun así, prefieren volver a sus hogares antes que quedarse en los centros de evacuación. Se ven obligados a empezar una nueva vida desde cero. Cuando regresen, la prioridad más inmediata es conseguir tener algo que llevarse a la boca al menos una vez al día. Las mujeres y los niños están obligados a trabajar para conseguir comida. No tienen tiempo ni recursos para combatir las enfermedades. Sobrevivir es lo más importante.”
¿Cómo ha afectado la violencia a sus vidas?
Sin duda el conflicto y la actual inestabilidad les han marcado tanto a nivel social como físico y psicológico. Los desplazados son personas inseguras, vulnerables y reticentes a expresar sus emociones, lo cual les perjudica. Algunos se han unido a las fuerzas contrarias al gobierno principalmente por la promesa de que recibirán dinero a cambio.
¿A qué desafíos se enfrentan en el futuro?
Creo que el principal desafío es empezar una nueva vida desde cero sin recurrir a la violencia. Tienen que cambiar su forma de vida, ser tolerantes con los demás mientras intentan labrarse un futuro. Permitir que los niños vayan a la escuela y desarrollar fuentes alternativas de ingresos son también retos importantes que deben asumir. Tienen que cambiar su modo de vida y establecer sus raíces en un lugar concreto. De esta forma conseguirán una mayor estabilidad psíquica, física y social. Está claro que les costará, pero el éxito se alcanza con un primer paso y perseverancia.
¿Qué debe hacer la comunidad internacional?
Las organizaciones internacionales tienen la responsabilidad moral de proporcionarles la capacidad y la formación que les permita ser autosuficientes. Esto implica la preparación de la tierra para que puedan sembrar, enseñarles nuevas técnicas de cultivo, actividades que les generen ingresos, técnicas de comercialización y todo ello antes de que abandonen los centros de desplazados. Ayudarles a conseguir una vida mejor a través de un mayor acceso al agua, seguridad alimentaria, la higiene, la nutrición, la educación, etc. No se si llegaré a verlo con mis propios ojos, pero la esperanza de que algún día la paz y una vida digna sean posibles compensa todo el trabajo que realizo junto al equipo de Acción contra el Hambre.



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