Afganistan, propensa a desastres naturales y políticamente fragmentada, se ha enfrentado durante mucho tiempo altos niveles de inseguridad crónica, desplazamientos internos y la pobreza generalizada que ha sometido a sus poblaciones a las dificultades y recurrentes crisis humanitarias. La comunidades permanecen en una situación de inseguridad alimentaria debido a una serie de razones: impactos acumulados de múltiples sequías, crisis climáticas erráticas e inundaciones estacionales, la falta de infraestructuras y el acceso limitado a los mercados, problemas que son especialmente graves en las poblaciones vulnerables en regiones remotas.

Como resultado, Afganistán ocupa los últimos lugares en cuanto a indicadores básicos de desarrollo humano, con millones de personas que dependen de la asistencia humanitaria externa para su supervivencia diaria y un estimado de cuatro millones de refugiados que viven en Pakistán e Irán. Una situación que se ha vuelto más complicada en la última década con la intervención militar occidental y las luchas internas entre los grupos armados.

Acción contra el Hambre ha trabajado en Afganistán desde hace dos décadas, y de forma continua desde 1995, proporcionando una serie de servicios que salvan vidas al abordar las condiciones subyacentes que dan lugar a la desnutrición y la inseguridad alimentaria, garantizando el acceso a los servicios básicos y la reducción de la vulnerabilidad de las comunidades que se enfrentan con un número de amenazas a su seguridad y bienestar.