04/09/17

Los niños desnutridos son los que la sociedad sacrifica para toda la vida

Educación y desnutrición están estrechamente ligadas. Aurore Gary, del departamento de Incidencia Política de Acción contra el Hambre en Francia,  lo explica en esta entrevista.

¿Cuál es la relación que existe entre educación y desnutrición?

Existen dos vertientes: la primera se refiere al impacto de la desnutrición sobre la educación de un niño y la otra es el impacto de la educación sobre la desnutrición. Estos dos aspectos están profundamente ligados y son interdependientes.

Un niño desnutrido sufre retraso en el desarrollo físico, tanto a nivel neurológico como cognitivo. Por tanto su capacidad de aprendizaje se ve amenazada y aunque tenga la fortuna de asistir al colegio, el niño no aprenderá a escribir ni leer adecuadamente, no podrá desarrollar todo su potencial intelectual ni alcanzar el pleno desarrollo.

Paralelamente, uno de los medios más efectivos para luchar contra la desnutrición es la educación. Ya hemos visto que cuando madres y padres reciben información sobre los principios de la nutrición y las causas de la desnutrición, ésta desaparece. Para luchar contra una enfermedad, es necesario primero entender sus causas. Las familias son las primeras en poder actuar.

¿Por qué hay que financiar la lucha contra la desnutrición?

Un niño que sufre desnutrición será más vulnerable a las enfermedades porque su sistema inmunológico es débil. Tendrá más probabilidades de desarrollar problemas relacionados con el estrés y la ansiedad y por lo tanto menos facilidad para adquirir competencias profesionales. Se enfrentará a lo largo de toda su vida a muchas desigualdades fruto de estas enfermedades. Además, estos problemas suelen acentuarse con la edad. Las duras consecuencias de la desnutrición duran toda la vida: estos niños desnutridos son los que la sociedad sacrifica para siempre. Financiar la lucha contra la desnutrición es simplemente asegurar la igualdad de oportunidades para todos los niños.

Y si la desnutrición tiene un enorme impacto a en el individuo que la padece también lo tiene en la sociedad. Invertir en una buena alimentación es romper el círculo vicioso de la pobreza que se transmite de generación en generación. Esto permite igualmente aligerar los gastos en sanidad que han de realizar las familias y los Estados. Los niños bien alimentados tienen menos posibilidades de caer enfermos. La buena alimentación está en el corazón del desarrollo socioeconómico y es la clave contra la desigualdad y la pobreza.

¿Cómo se actúa contra la desnutrición?

Tenemos una “ventana” para intervenir en los 1 000 primeros días de la vida de un niño, que son los que van a determinar su estado de salud futuro y un desarrollo óptimo. Hay evidentemente acciones directas que permiten luchar contra la desnutrición: identificar y tratar a los niños enfermos, educar a las madres o formar personal de sanidad. Sin embargo, para hacerlo efectivo, es indispensable conseguir financiación por parte de los gobiernos, tanto del Norte como del Sur.

Los gobiernos del Sur han de poner como prioridad en sus presupuestos la lucha contra la desnutrición e incluirla en sus políticas. Pero nosotros podemos actuar también a nuestro nivel, a través de la ayuda al desarrollo. En el marco de la solidaridad internacional, España, Francia, como muchos países, asigna una cantidad de sus presupuestos a los países en desarrollo. Una vez más, solicitamos que los gobiernos conviertan la lucha contra el hambre en una prioridad de la ayuda a la cooperación internacional. 

Comparte esta entrada