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"Con la ayuda que recibimos ahora podemos comprar fijol"

Participante del proyecto de respuesta a la crisis alimentaria en Guatemala

 

Respuesta a la crisis alimentaria del Corredor Seco

Proyecto de respuesta a la crisis alimentaria en el Corredor Seco guatemalteco

Doña Felipa nos recibe con una sonrisa, sorprendida por la visita inesperada. Está embarazada de tres meses, los cuales se dejan ver a través de su vestido rojo. Su vivienda se encuentra ubicada en el caserío El Pericón de la aldea Ocumbla, municipio de Jocotán, departamento de Chiquimula, Guatemala. Un lugar rodeado de abundante vegetación, con clima templado y conformado por 466 personas que forman parte de 62 familias. La agricultura y el corte del café son las principales actividades económicas que ocupan a sus habitantes.

A principios de junio de 2014, don Jesús, esposo de doña Felipa, sembró seis “tareas” de maíz (aproximadamente un tercio de manzana). Desafortunadamente, la sequía de 2014 no perdonó a esta familia, y perdieron casi todo. Solo lograron recolectar un poco de quilete (una hierba silvestre comestible que nace entre las plantas de maíz. Este quilete se ha convertido en el alimento básico de sus cuatro hijo, en sustitución de los frijoles que ya no se podían permitir.  

Doña Felipa es una de las 5.000 personas que participan en el proyecto de emergencia “Respuesta a la crisis alimentaria provocada por la sequía 2014 y roya del café en Guatemala”, financiado por el Departamento de Ayuda Humanitaria y Protección Civil de la Unión Europea -ECHO-, y ejecutado por un consorcio de ONG’s en los departamentos de Huehuetenango, Quetzaltenango, Quiché, Alta y Baja Verapaz y Chiquimula.

La primera ayuda que ha recibido la familia de doña Felipa, por medio del proyecto de emergencia, ha servido para adquirir productos básicos como maíz y frijol, a la vez que les ha permitido comprar azúcar, aceite y jabón. Al  preguntarle cuánto le dura lo que pudo comprar con la transferencia monetaria, indica que “unos quince días”, pero afirma: “me siento contenta porque recibiremos otra ayuda más adelante, ya que en la comunidad no hay trabajo, y hay días que no ganamos nada”.

Ni doña Felipa ni su esposo saben leer ni escribir, aunque es consciente de la importancia de poder hacerlo, ya que “se ha de sentir bien cuando a uno le enseñan un papel y saber qué dice ahí”. Sus hijos van a la escuela. Olga está en cuarto primaria y Sebastián en primero. Al preguntarle a Olga si le gusta estudiar, con una sonrisa tímida indica que sí. 

Este año ya volvieron a sembrar. La esperanza de que llueva los motiva. Las plantitas de maíz ya tienen unos 20 centímetros de alto y gracias a la lluvia de un día antes de nuestro encuentro, éstas estaban ya bastante verdes. Sin embargo, según la Secretaría de Seguridad Alimentaria y Nutricional -SESAN-, la canícula esperada en los meses de junio y agosto de 2015, se podría prolongar al igual que ocurrió en 2014 y causar el mismo impacto negativo en las cosechas.

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