Después de algo más de dos décadas de problemas socio-político-militares que comenzaron en los años 90 que culmina con la crisis postelectoral de diciembre de 2010, Costa de Marfil por fin conoce desde 2012 cierta estabilidad económica, política y social. Esta evolución tan favorable está marcada por la construcción de grandes infraestructuras, el establecimiento de autoridades locales y regionales y algunas acciones políticas decididas como la liberación de líderes políticos del antiguo régimen, el regreso de los exiliados políticos, la reanudación del diálogo político y la renovación del mandato de la Comisión para el Diálogo, la Verdad y la Reconciliación (CDVR).

Aunque la urgencia humanitaria es agua pasada en Costa de Marfil aún existen focos de extrema vulnerabilidad que persisten en el norte, el oeste y en el medio urbano debilitando la reconciliación. Por lo tanto, el país está comprometido con el desarrollo y las necesidades residuales que hay son, ante todo, estructurales y no coyunturales. Existen varias dudas sobre el tratamiento reservado a los pobres y los muy pobres, a la calidad de las atenciones básicas, a las desigualdades sociales que derivan de las políticas agrícolas liberales o a la capacidad real de los ministerios de poner en marcha proyectos inclusivos.