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Desplazamientos y expulsiones, el círculo de la vulnerabilidad

 

Cuatro años después de la hambruna, más de un millón los somalíes continúa su huída

Entre julio de 2011 y Junio de 2012, una grave sequía afectó al Cuerno de África y provocó una crisis alimentaria masiva en Somalia, Etiopía, Kenia y Yibuti. Esta crisis puso en peligro los medios de vida de alrededor de 9,5 millones de personas. La hambruna se declara. Muchos refugiados del sur de Somalia huyeron a los países vecinos, incluyendo Kenia. En Mogadiscio, el hacinamiento, las condiciones insalubres y las altas tasas de desnutrición aguda severa han llevado a la muerte de un número significativo de personas. La mayoría de los desplazados pertenecen al clan agropastoril Rahanweyn  y a la minoría étnica Bantu.

 

A los 60, Ibrahim Ali vivió parte de su vida a Qoryoley en el Bajo Shabelle, antes de llegar a Mogadiscio. Fue deportado 3 veces antes de llegar al campamento de Hamdi en el distrito de Deynille en marzo de 2015. “Alquilé un carro y un burro cuando nos evacuaron del campamento Maslah en el área de Afgooye. El propietario del vagón todavía me debe 10 dólares”  dice Ibrahim. “Es como si no tuviéramos derechos aquí. Todavía no estamos seguros de si nos quedaremos, sabemos muy bien que cualquiera nos puede expulsar en cualquier momento”.

 

Ibrahim dio gracias a Dios por haberlo bendecido a él y a sus hijos, pero también admite que no tiene recursos para criarlos. Cuando el hambre golpeó Somalia, él ya estaba viviendo en la pobreza extrema. Anteriormente era agricultor, pero la sequía le  impidió continuar con  sus actividades y empujó a toda la familia a los caminos del exilio.

Las lluvias fueron cada vez más irregulares y los recursos empezaron a escasear

Ibrahim se instaló inicialmente en Hodan después de perder su ganado y sus granjas. Sin embargo, salvó algunas cabras pero todas finalmente murieron por falta de agua. En el campamento de Hodan, la familia de Ibrahim recibió atención médica y alimentos: suplementos las gachas, arroz y complementos alimenticios. Tras la muerte de su segunda esposa, la vida familiar se complicó. Está demasiado ocupado tratando de mantener a su familia, e Ibrahim no tiene tiempo para ocuparse de las tareas del hogar o de preocuparse porque sus hijos no entristezcan profundamente. Su otra esposa trabaja en la ciudad por un dólar,  lava la ropa y limpia. Ella suele llegar altas horas de la noche, y los niños ya están en la cama.

 

Khalif, su último hijo, vive en Mogadiscio y trabaja para una familia de panaderos, conocidos por el nombre de Rootii. Se le proporciona una vivienda y gana la módica suma de 10 dólares al mes, que utiliza para repararle un coche de carreras al garaje Al-Mubarak a Bakara, en el centro de la ciudad de Mogadiscio. Ibrahim tiene cuatro hijas casadas pero no ayudan a la familia. Dependen exclusivamente de la ayuda humanitaria. Aunque le gusta hablar de los ladrillos de arcilla que fabrica y que vende ocasionalmente para ganar algo de dinero.

 

Si la seguridad mejora en la baja Chebili, la familia regresará a su tierra natal para reconstruir sus vidas y reanudar sus actividades agrícolas. “Dependemos de la agricultura si queremos una vida normal, comprar ropa para los niños y que puedan ir a la escuela”  explica Ibrahim. Sus múltiples expulsiones han acentuado definitivamente su vulnerabilidad. “Con cada expulsión empezamos de cero. Empiezas salvando a los niños y entonces eventualmente puedes ir recuperando algunos asuntos.”

 

El último hijo de Ibrahim Hassan sufre de diarrea. "Tenemos un centro de salud para la madre y el niño cerca del campamento Maslah. Nuestro equipo explica que  puede prevenir enfermedades relacionadas con el agua que acentúan la desnutrición mediante la construcción de pozos para que las personas tengan acceso al agua potable. Asimismo, hemos construido letrinas para las familias desplazadas, con el objetivo de promover las buenas prácticas de higiene, y crear conciencia sobre la importancia de la higiene diaria en la prevención de enfermedades. La distribución de kits de higiene ha beneficiado a más de 40 hogares. “En este nuevo campo, no hay letrinas, ni agua ni refugio, así como otra necesidad  que necesitaríamos para sobrevivir” dice Ibrahim.

Mohammud, coordinador de Acción contra el Hambre, constituyó un equipo de respuesta rápida para la distribución tanto de productos alimentarios como no alimentarios a todas las personas recientemente expulsadas del campo de Maslah, incluido Ibrahim. Además, brindamos cuidados básicos a los niños y familias expuestos al hambre. 

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