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El sector privado apoyando el empleo joven

 

 La intervención público-privada-Tercer Sector es una alternativa para afrontar retos como el desempleo juvenil en España 

Artículo de opinión de Marcos Ayala, psicólogo social. Actualmente trabaja en el departamento de Empleabilidad de Fundación Telefónica.

Generación de oportunidades, empoderamiento, apoyo, creer en ellos y en ellas... En un país donde la tasa de desempleo juvenil alcanza cifras récords, parecieran respuestas lógicas que deberíamos promover como sociedad. Sin embargo, a veces hablamos de la juventud como si de un todo se tratase, sin hacer distinciones, metiéndola toda ella en un mismo saco y buscando a veces, las mismas respuestas a problemas diferentes. Aislar las causas del desempleo sin contextualizarlas en aquellas realidades en las que se desarrollan puede frustrar las mejores de las intenciones y en algunos casos iniciativas millonarias.

Así, por ejemplo, tomando como indicador la Tasa Arope, para la juventud entre los 16 y los 29 años, ésta ha aumentado en el año 2015 hasta los 38,2 puntos. Sin embargo, esta tasa ofrece valores desagregados que indican la diferencia entre los jóvenes. En ese mismo rango de edad, tomando como variables el sexo, la nacionalidad, la composición del hogar o el nivel de educación, la tasa se dispara en comparación con un patrón de modelo “hombre, español, sin hijos y con altos niveles de educación”.

La pobreza es un ciclo que se hereda, que sigue patrones de perpetuidad que no responden únicamente a las acciones personales. Nuestro modelo productivo se ha transformado en un modelo post industrial donde incluso estar inmerso en el mercado laboral ya no es sinónimo de estar fuera de los índices de la pobreza. Además, nuestro modelo de crecimiento se basa casi exclusivamente en índices financieros, dejando de lado otros relacionados con el desarrollo humano. Desgraciadamente, el crecimiento económico español de las dos últimas décadas no ha supuesto una reducción de la pobreza sino que por el contrario, ha ahondado en la bipolarización del país. Además, este crecimiento no se ha acompañado de un modelo de protección social a partir del cual articular estrategias de lucha contra las casusas estructurales de la pobreza, generando una base social de precariedad que impide el desarrollo real de las personas inmersas en dichos ciclos.    

Los mal llamados “ninis”, el “paro juvenil”, “los trabajadores pobres”, “la pobreza energética”, y un largo etcétera de definiciones incorporadas a nuestro vocabulario cotidiano, son más que cifras o estadísticas. Son personas, con nombres y apellidos, personas que sufren la angustia de la desigualdad y la frustración de la impasividad. Se hace necesario por tanto, el diseño de respuestas diferentes que se adapten a las necesidades de las personas, huyendo de soluciones mágicas y estancos generales.

Desde mi opinión, asumiendo de facto el cambio del paradigma productivo y social, donde el Estado ha visto desdibujado su papel en favor de otros actores, se abre un nuevo escenario de interacción social en el que la empresa privada debe asumir su corresponsabilidad en la sociedad y desarrollar su mejor potencial generando innovación. En este sentido, la intervención público-privada-tercer sector, se presenta como una posible alternativa. Respetando y validando el rol de cada una de las partes, buscando las sinergias entre sus fortalezas, coordinando esfuerzos y aunando experiencias en pos de un mismo objetivo, se pueden afrontar grandes retos como el desempleo juvenil en España y especialmente en aquellos colectivos que encuentran menores oportunidades en su inserción laboral.

Sin duda será una de muchas otras iniciativas, pero como ejemplo ilustrativo, la Fundación Telefónica y Acción contra el Hambre han puesto en marcha el proyecto FP Emprendimiento Social, que interviene en centros de Formación Profesional a partir de metodologías de aprender haciendo, dinamizando los itinerarios formativos en las asignaturas de FOL y EIE. El objetivo es poder acercar a jóvenes de contextos vulnerables, la posibilidad de asomarse al mundo del emprendimiento y las nuevas tecnologías.

Citando a Nelson Mandela, “erradicar la pobreza no es un acto de caridad, es un acto de justicia” y es en este sentido, donde todos debemos sumar nuestras fortalezas. Los jóvenes se lo merecen.

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