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"La generosidad de la población en Sindanak nos marcó"

 

Cuando el Estado Islámico tomó Mossul en junio de 2014, acogí a 16 personas en mi casa. Prefiero ver mi casa llena de gente que tener que huir.

El equipo de Acción contra el Hambre sale de la base de Dohuk con destino al sur. Desde hace más de un año, la organización internacional lleva a cabo diversas actividades de prevención en numerosos pueblos de la gobernación de Nínive para frenar las posibles consecuencias humanitarias de la ofensiva militar sobre Mossul.

Los check-points se reparten por el camino que lleva hacia la segunda ciudad de Iraq. A lo lejos, se observa un humo negro que se eleva sin que se pueda determinar exactamente de dónde sale, imagen que alimenta la incertidumbre que existe en torno al futuro de Mossul, controlada desde hace más de dos años por la organización del Estado Islámico.

Después de cuarenta kilómetros, el equipo llega a Sindanak donde un joven vestido con una chilaba de un blanco brillante se apresura a indicar el camino gesticulando sin parar" Gire a la izquierda después del depósito de agua, la escuela está justo allí, no hay pérdida, es el último edificio del pueblo ". El pick-up se va de nuevo, traquetea sobre los carriles del camino de tierra y acaba su camino delante del edificio. El edil local acoge allí al equipo y tiende la mano, tan calurosa como su sonrisa. Sin embargo, desde hace más de dos años, los habitantes de la región no tienen tantos motivos para regocijarse. La llegada de desplazados de Mossoul ha tenido un gran impacto en los recursos locales : no hay trabajo y los niños del pueblo no pueden ser escolarizados.

En lugar de los alumnos, en la escuela se encuentran Saddam Hussein Ali y su familia. Originarios de Narwan, un pueblo próximo a Bashiqa al este de Mossoul, los 23 miembros de la familia viven allí desde su huida en agosto de 2014.

La sesión de formación de voluntarios para la promoción de la higiene comenzará sólo en unos minutos y Saddam aprovecha esos instantes para contar su historia. El hombre de cuarenta años no vaciló cuando su hermano llamó a su puerta el 6 de agosto de 2014.

"¡Debemos irnos, el Daesh se acerca!", el mensaje no dejaba lugar a dudas. El padre de familia de mirada tranquila no perdió la cabeza." Había que actuar rápidamente, ninguno de los dos teníamos vehículo. Salimos a buscar a mi cuñado para que nos llevara a una casa de alquiler". Los 23 miembros de la familia se amontonan en tres vehículos y tomaron el camino hacia el norte.

" Llegamos a Sheikhan, pensábamos alquilar allí una casa pero mucha gente ya había pensado lo mismo, no había nada más disponible. Nos instalamos en la mezquita pero había demasiadas personas allí. Entonces al día siguiente nos fuimos hacia Sindanak, un pueblo con el que había tenido relaciones comerciales anteriormente ».

Llegamos allí  sin nada y la acogida de la población fue fantástica. Inmediatamente nos instalaron en la escuela, nos dieron alimento, agua y colchones. ¡Desde nuestra llegada, jamás dejamos la escuela pero espero que esta situación cambie pronto!

Rápidamente, los profesionales humanitarios vinieron a ayudarnos y en particular Acción contra el Hambre estuvo distribuyendo paquetes alimentarios durante varios meses. Esta generosidad de la población nos marcó mucho, hay mucha solidaridad aquí. Cuando el Estado Islámico tomó Mossul en junio de 2014, acogí a 16 personas en mi casa. Estoy dispuesto a empezar de nuevo mañana, preferiría ver mi casa llena de gente que tener que irme lejos".

La sesión de formación comienza. Una veintena de personas, habitantes del pueblo y desplazados, se reúnen en una sala apropiada para la ocasión. Se llevan a cabo trabajos de grupo y charlas sobre cómo mejorar las prácticas de higiene y de conservación del agua. Durará seis semanas con el fin de que los habitantes puedan trasladar esta información a futuros desplazados desde su llegada. "Es importante que todos tengan el mismo nivel de información, no hay muchos recursos, por lo que hay que saber compartirlos lo mejor posible ", concluye Saddam.

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