Mongolia, el segundo mayor país sin salida al mar del mundo, se encuentra entre China y Rusia. En la década de 1990, Mongolia vivió una transición a una economía de mercado y una gobernabilidad democrática, pero la transición ha producido inestabilidad con la retirada del apoyo de la ex-Unión Soviética, haciendo al país más dependiente de la ayuda internacional.

La pobreza extrema sigue siendo un problema importante en Mongolia, que afecta a cerca del 35% de la población. Los impactos climáticos y desastres naturales sólo han agravado la inseguridad alimentaria en el país, con duros inviernos que devastan los medios de subsistencia y la ganadería. Cientos de miles de estas pérdidas de ganado son causadas por el hambre producido por la insuficiencia de forraje , por lo que los animales son más vulnerables a contraer enfermedades. Y estas pérdidas de ganado tienen un impacto directo en la seguridad alimentaria de la población, con el agotamiento de las reservas de alimentos que provocan una migración masiva de las zonas rurales a los centros urbanos.

 

Aumentar la resiliencia ante desastres climáticos

Trabajamos en Mongolia desde 2001, ayudando a que las comunidades vulnerables inviertan en estrategias para superar sus duras condiciones de vida, al mismo tiempo que aumentan su resiliencia ante las repetidas catástrofes climáticas. Nuestros esfuerzos en Ulan Bator y la provincia Uvs se han centrado en mejorar el acceso al agua limpia, la elaboración de estrategias de seguridad alimentaria, el fomento de proyectos de vida a largo plazo, y la mejora de la respuesta a emergencias y la gestión del riesgo de desastres.