Desgraciadamente, la situación humanitaria en Níger se ha degradado durante 2015. A los importantes problemas de vulnerabilidad estructural, se ha añadido el recrudecimiento del conflicto regional en el Norte de Nigeria, lo que ha provocado terribles consecuencias en la región de Diffa. Níger continúa siendo, a día de hoy, uno de los países más pobres del mundo con una de las tasas de desnutrición más altas de África del este. Además, cuenta con una importante población desplazada (100.000 personas) y refugiada, especialmente en el este del país, debido a la violencia del grupo terrorista Boko Haram. A nivel de seguridad, a las malas perspectivas sobre la resolución del conflicto de Diffa, se han añadido los riesgos de inestabilidad política derivados de la convocatoria de elecciones presidenciales en 2016.