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"No mido mi vida en años, sino en terremotos"

Otto Celestino ha sobrevivido a tres terremotos en Ecuador

 

Otto Celestino ha sobrevivido a tres terremotos en Ecuador

Otto Celestino no mide su vida en años, sino en terremotos. Los acontecimientos que más le han marcado coinciden con los temblores de la tierra. Siendo un bebé perdió a su padre en el sismo de 1942 que arrasó la costa ecuatoriana. Siete años después presenció la tragedia de Ambato desde el pueblo de sus abuelos, en Guano, y que acabó con más de 5.000 vidas.

—De pronto el cielo se oscureció y las casas empezaron a caer, una detrás de otra. El suelo se abría, se cerraba, y, en estas, muchas personas fueron tragadas por la tierra. Fue un infierno. La gente se arrodillaba e imploraba a Dios que detuviese el temblor. 

Imágenes dantescas que han vuelto a su memoria el pasado 16 de abril cuando, una vez más, la naturaleza le ha puesto a prueba.

—Estaba sentado a la mesa con mi esposa cuando el suelo comenzó a moverse. El miedo de la sacudida me resultó familiar y, así como quien dice “a la tercera va la vencida”, pensé que de esta no salía— cuenta Celestino gesticulando con sus manos tostadas por el sol, llenas de cicatrices, de nudos. 

Sin embargo, consiguió burlar de nuevo a la muerte. Salió justo a tiempo, antes de que los muros y el tejado se derrumbaran encima de su cabeza. Durmió a la intemperie y a la mañana siguiente supo que la piscina camaronera donde trabajaba desde hace más de 30 años se había roto. Las compuertas se quebraron dejando escapar al mar todos los camarones y también su medio de vida. “Era lo único que tenía”, dice mientras baja la mirada al suelo.

Ahora vive en un improvisado albergue de Chamanga, donde el colorido de las sábanas, camisetas y colchones apostados al filo de la carretera, contrastan con el verdor de la vegetación de la zona sur de Esmeraldas, que rodea el asfalto. El sofocante calor bajo los plásticos, el hacinamiento, los mosquitos, la falta de agua potable y comida, hacen insoportable la estadía. Celestino pasa noche y día pensando en cómo salir de este agujero.

Golpe a los medios de vida

Él está entre los 34.000 desplazados a causa del terremoto y sus constantes réplicas. Muchos lo han perdido todo, sus casas, sus proyectos e incluso sus medios de vida. En concreto, la situación de los pequeños pescadores artesanales y de las industrias camaronera y acuícola, es crítica. Según el presidente de la Cámara Nacional de Acuacultura de Ecuador, José Antonio Camposano, el 70% de las camaroneras de las provincias de Esmeraldas y Manabí están dañadas. Unas completamente destruidas, otras con grietas y las que se mantuvieron en buen estado tienen difícil salida, ya que las ventas y los precios también se derrumbaron a la orilla del mar. 

Acción contra el Hambre cuenta un equipo de 10 personas que se ha desplazado a Ecuador en las 24 horas inmediatas a la catástrofe desde Colombia y España. Entre otros programas de emergencia, la organización está trabajando en el proceso de reinserción laboral de las personas afectadas por el desastre natural. 
Pilar Medina, coordinadora del equipo de emergencia de la organización, cuenta que “la reactivación económica de la zona es vital y urgente para que la situación no degenere en una dinámica negativa”. Mantiene que lo que se busca es reestablecer lo antes posible las actividades cotidianas de la población. Esto, precisamente, es lo que piden todos, tanto los viejos como los jóvenes, acosados por los recuerdos de la tragedia.

En el albergue de El Salto de Chamanga, Yosué, de 8 años y nieto de Otto Celestino, pregunta a su abuelo:
— ¿Será el último terremoto?
—No creo, mihijo – contesta el anciano – este no es más que uno de tantos. Uno cuya amenaza seguirá estando presente aquí, en el Cinturón de Fuego.
Pero lo importante es que Ecuador, como el ave Fénix, volverá a ponerse en pie.

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