Aunque las conferencias de Ginebra y Astaná parecieron anunciar el fin de siete años de guerra en Siria, 2017 batió el récord en cuanto a desplazamientos de la población dentro del país, ya que 7665 personas huyeron de la violencia cada día. Ante unas fronteras cada vez más impermeables, los niños, las mujeres y los hombres han entrado en una espiral de mecanismos de supervivencia tan perjudiciales como el trabajo infantil, el abandono escolar de los niños y la violencia de género. Además, esto supone un gran riesgo para la seguridad nutricional de la población. Cerca de medio millón de sirios se encuentra atrapado en diez ciudades sitiadas, entre las que se encuentran las conocidas Aleppo, Raqqa y Guta.
La dificultad de acceso ha representado uno de los principales obstáculos porque, además de las complicadas condiciones de seguridad, las autoridades han impuesto controles y limitaciones significativas a la hora de acceder a las regiones más vulnerables. A pesar de dichas barreras, entre otras, a principios de 2017 logramos acceder a Aleppo y comenzar una respuesta de emergencia en los campos de Al Areesha y en zonas bajo control kurdo, como Hassakeh.