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La brecha digital durante el confinamiento ahondará la desigualdad laboral

15/05/20

 

La brecha digital aleja del empleo, todavía más, a personas que están en riesgo de exclusión. “Disponer de un dispositivo electrónico es determinante para el futuro laboral de una persona que se encuentra en una grave situación de vulnerabilidad. Esto significa que tener conexión a internet es una puerta de contacto con el mundo en sus diferentes dimensiones: con el mundo laboral, con el mundo educativo, con las relaciones sociales, etc. Si no lo tienes, simplemente quedas fuera”, explica Lorena Hernández, nuestra responsable de los programas de empleo.

El estado de alarma hizo que Acción contra el Hambre adaptase rápidamente toda su intervención para seguir trabajando con las personas en situación de vulnerabilidad en remoto:  “ahí fue cuando nos encontramos de lleno con la brecha digital, pues observamos que afectaba a muchas familias. No disponían de equipos informáticos o dispositivos electrónicos, o bien carecían de internet o de las competencias digitales necesarias para que pudieran seguir participando en nuestros programas”, añade Hernández.

La encuesta de habilidades digitales y accesibilidad a internet que realizó nuestra organización a las personas participantes en sus programas mostró que 1 de cada 10 personas no tienen acceso a internet, 2 de cada 10 confiesan tener un mal acceso y casi 4 de cada 10 personas indicaban sentirse poco cómodo e indiferente al usar las nuevas tecnologías. “Son datos que muestran cómo la brecha digital existe, golpea a la población más vulnerable y ahonda en la desigualdad laboral que ya padecen”, declara Hernández.

Para que no se produzca esa desconexión digital y no se agrande la exclusión social que ya viven, hemos entregado tarjetas de datos a familias que están en riesgo de exclusión y ofrece formaciones para que adquieran competencias digitales y mejorar su empleabilidad a través de la página www.vivesemplea.org

La desconexión digital conduce a la exclusión social

La educación y el empleo son una tabla de seguridad para que las personas no caigan en la pobreza o para salir de ella. El no poder conectarse a internet o no disponer de un dispositivo adecuado implica, especialmente en estos meses, que los niños y niñas más desfavorecidos no puedan continuar con el curso escolar, limitando su derecho a la educación y, por tanto, dejándoles en una situación de desventaja. "En el corto plazo, esto provoca una pérdida de aprendizaje, y en el medio plazo, un desfase curricular respecto al resto de niños y niñas cuyas familias sí tienen los recursos necesarios para seguir el ritmo. En el futuro, limitará sus posibilidades de mejorar la situación económica de origen y, por tanto, la igualdad de oportunidades", indica Hernández.

Lo mismo ocurre con el empleo. “El estar o no conectado marca una gran diferencia. Que una persona se vea afectada por la brecha digital, como ocurre a muchos de los participantes de nuestros programas, impacta sobre sus oportunidades para encontrar un empleo, sus posibilidades de montar un negocio, o seguir formándose” explica la experta en empleabilidad. Y esta brecha se hace más grande a medida que se desarrollan nuevas tecnologías porque hay familias que se van quedando atrás si no se ponen los medios necesarios para evitarlo.

Trabajadores sin conexión digital, más expuestos a la COVID-19

Las personas que están sufriendo la brecha digital tendrán que limitarse a trabajos no cualificados, engrosando así la nueva masa de trabajadores pobres en España. “Se trata de personas que no pueden acceder al teletrabajo porque su desempeño laboral suele darse en el sector de servicios, que son los más precarizados y los que actualmente están más expuestos al contagio de la COVID-19", señala Hernández. En este sentido, según un estudio de la Fundación io en el que ha colaborado Acción contra el Hambre, se confirma la relación entre el nivel de renta, la superficie de vivienda y la afectación del coronavirus.

La mujer, más excluida tecnológicamente

Las mujeres no solo tienen menos acceso a internet u ordenadores, pues quienes sí tienen el dispositivo, no cuentan con espacios ni los tiempos para participar en los programas de inclusión sociolaboral, ya que están asumiendo en mayor medida que los hombres la carga de cuidados de menores y mayores durante esta crisis sanitaria. Hernández añade que “en muchos casos trabajamos con familias que conviven con otras familias, o bien viven en viviendas pequeñas, donde muchas mujeres no tienen intimidad para hablar, o la tranquilidad que se necesita, o simplemente un poco de tiempo para ellas”. 

El equipo técnico de Acción contra el Hambre ha constatado que “mujeres participantes de nuestros programas que habían decidido volver a formarse, se han visto privadas de esta posibilidad al no disponer de dispositivos electrónicos o al tener que dedicar todo el tiempo a los cuidados de la familia”.  Si esta situación se alarga, “las mujeres estarán todavía más expuestas a la exclusión”.

Nuestra organización está adaptando y reforzando todos sus programas de empleo en España ante la inminente exclusión social de seis millones de personas por la crisis derivada de la enfermedad y la paralización económica de la COVID-19. Esta organización también está facilitando ayuda alimentaria a través de tarjetas electrónicas a las familias más vulnerables.

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