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Conflicto en Marawi, Filipinas: “Ya no hay mercado para vender nuestros productos”

 

El 23 de mayo de 2017 comenzaba uno de los asedios más largos de los últimos años. No fue en Siria. La batalla de Marawi comenzó cuando el Ejército filipino intentó capturar a Isnilon Hapilon, el jefe de una milicia que juró lealtad al Estado Islámico. El grupo Maute se aliaba después con la milicia, haciendo la batalla más larga y mortal. En total, cinco meses de guerra en Filipinas con combates que convirtieron a Marawi en una ciudad fantasma, con un paisaje menos retransmitido pero muy similar a la Alepo destruida y con miles de desplazados.

La historia de Johairah, víctima de la guerra en Filipinas

Johairah Macaombao huyó con su marido y con sus hijos cuando las primeras bombas cayeron sobre la ciudad filipina de Marawi. Caminaron durante días por vías secundarias porque los combates se intensificaban en las carreteras principales. Solo se sintieron a salvo de la guerra cuando llegaron a la casa de sus padres, en Pantar. Sin embargo, tuvieron problemas para acceder a material de emergencia y alimentos que repartían el gobierno y las ONG: "Nosotros solo recibimos arroz. Nada más. Esos 8 meses fueron muy duros", explica.

El 19 de enero, con la guerra ya acabada, Johairah pudo volver a Marawi con el resto de su familia. Sin embargo, la ciudad estaba totalmente destruida y su casa había sido saqueda: "antes de la guerra nos dedicamos a la agricultura, pero ya no hay mercado en Marawi para vender nuestros productos. Si vamos a la ciudad de Iligan gastamos más en el transporte de lo que recibiríamos con la venta. Así que cada día es más difícil sobrevivir sin ingresos. Mis hijos piden comida, lloran contantemente porque tienen hambre, pero no tenemos nada para darles", explica.

chequeo médico

Los hijos de Johairah están enfermos. No son los únicos. Todos los niños del barrio también están enfermos. Sin trabajo, no hay dinero para comprar comida ni medicinas: "el primero fue mi hijo Rahim que no paraba de llorar y le salieron manchas rojas en la piel. Solo lloraba y dormía. Dormía demasiado y eso también me preocupaba. En ocasiones le despertaba solo para ver si todavía estaba vivo y entonces comenzaba de nuevo el llanto. Lloraba y lloraba. Trataba de amamantarlo, pero él no quería. No entendía qué le pasaba. Mi madre me aconsejó que le llevara al hospital, pero no teníamos dinero. ¿Cómo íbamos a pagar las cuentas? ¿Y las medicinas que le recetaran los médicos?", cuenta Johairah.

Ayuda a Filipinas tras el asedio de Marawi

Nuestros equipos en la zona estaban haciendo un chequeo médico a los menores de cinco años en la ciudad de Bliss cuando Johairah les llevó a sus hijos: "ahí conocimos a Jonathan, que tomó las medidas de mis tres hijos menores y al cabo de una semana nos llamó por teléfono para venir a casa a visitarnos. Me dijo que los gemelos sufrían desnutrición aguda y la niña moderada. ¿Pero cómo no iban a estar enfermos si llevábamos meses a base de arroz cocido como único alimento?", se pregunta Johairah. 

Desde entonces, los hijos de Johairah son beneficiarios de nuestros sobres de pasta de cacahuete (Pumply Nut). Aunque los gemelos han podido salir de su desnutrición, ahora es su hija Sarah la que está en tratamiento. Johariah dice que está feliz de ver que sus hijos se recuperan poco a poco, aunque desea poder alimentarles por sí misma: "ojalá podamos volver a nuestra vida anterior cuando ganábamos suficiente para mantener a la familia sana. Ojalá podamos volver a dedicarnos a la agricultura. Ojalá vuelva la vida a Marawi. Ojalá podamos volver comer", explica Johariah. 

¿cómo íbamos

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