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Historias

Los anhelos del día a día en Rabinal

 

Consorcio de Organizaciones Humanitarias

Donde el asfalto termina y la terracería comienza, los bosques  de ceibas, cipreses y robles reinan. En medio del paisaje, conviven comunidades indígenas que se deben a sus cosechas y a sus telares. Nos dirigimos a la comunidad de El Aguacate, en donde viven 64 familias achi’es. Las llantas del carro se bañan en un río del departamento de Baja Verapaz. Un grupo de mujeres se agrupa en cuanto estacionamos el vehículo al lado del río. Hay algunas que cargan a sus hijos e hijas en un rebozo. La mayoría está vestida con los trajes que ellas mismas tejieron o compraron a otras vecinas. La tradición textil  maya  es  milenaria  y todavía se conserva en esta comunidad, que lleva el nombre de una fruta que abunda en sus tierras. Todas escuchan atentamente la presentación que hacen integrantes de la asociación Corazón del Maíz, ante la mirada de cinco hombres, que forman parte del Consejo Comunitario de Desarrollo (COCODE). Un total de 20 familias llevan cinco años recibiendo apoyo por parte del proyecto que ofrece asistencia alimentaria dentro del consorcio que lidera la organización Oxfam, con fondos de la Dirección General de Protección Civil y Operaciones de Ayuda Humanitaria Europeas (ECHO). Con permiso previo, entramos en una de las viviendas de una de las presentes.

 

María Romelia y Elsa (El Aguacate), Alta Verapaz


Daisy Araceli es la hija de Angelina Tista (18 años) y Bernabé Olmino (23 años), ambos están unidos, pero no se casarán hasta que reúnan la cantidad de dinero necesaria para celebrar el enlace matrimonial. Hasta el momento, han tenido que hacer frente a los gastos que una hija con desnutrición aguda ha generado: medicación y alimentación. La pequeña se encuentra fuera de peligro, pero continúa sufriendo diarreas, debido a las enfermedades gastrointestinales  que padece. El proyecto ha proporcionado a la familia, bolsas de harinas fortificadas para contrarrestar de forma inmediata su situación nutricional. La madre de Bernabé  se encuentra en la cocina junto a sus otros tres hijos, después llega su hermana, vistiendo el traje típico.

 

Todos ellos comparten espacio y viven con el sueldo que Bernabé gana como jornalero. En el interior de las construcciones de paja y barro no hay electricidad. Otra de las ayudas que han recibido son semillas de acelga (Beta vulgaris), rábano (Raphanus raphanistrum), chipilín (Crotalaria longirostrata) y macuy (Solanum nigrum). “Han crecido bastante en los últimos meses, ya podemos cortar las hortalizas”, comenta motivado Bernabé.

 


Pasando el puente de la comunidad, se encuentran la escuela y el puesto de salud de El Aguacate. La auxiliar de enfermería, Sara Morales, atiende a una mujer con su hija. “El lunes es el día que más gente viene al puesto. A finales de semana, el número comienza a disminuir”, comenta Sara. Las enfermedades más comunes entre las niñas y niños son resfriados, amigdalitis, gripe y diarrea. En cualquiera de estos casos, el zinc es el aliado de combate. Entre las campañas públicas, destaca la de desparasitación y suplementación vitamínica en la escuela. A los niños que tienen 10 años se les suministra la vacuna contra el tétano. Pero a pesar de esto, las enfermedades continúan aflorando en los menores de la comunidad. Cuando la medicación  suministrada  no  es  suficiente,  entonces  se tienen que desplazar hasta Purulhá, en donde hay un Centro de Atención Permanente (CAP). Pero muchas familias, como la de María Marta Bachán Atista, con tres hijos, no pueden pagar el pasaje del carro que entra a la comunidad. Una de las grandes problemáticas en la comunidad El Aguacate fueron las fiebres y enfermedades gastrointestinales que provocó la ingesta de agua de río.

Unas viviendas más arriba, Elsa vive con sus padres, María Romelia Tista y Emiliano José Augusto. Tiene ocho años y ya es una experta en tejer todo tipo de vestimenta. Durante la visita, su maestra canceló las clases por enfermedad, así que ocupa el tiempo haciendo lo que más le gusta: tejer. Tiene el encargo de crear una faja, que luego venderá    por 70 quetzales. Ninguno de los presentes consigue perturbar su concentración frente al instrumento. Su forma de expresarse es tejiendo. Muestra con orgullo la faja que luce sobre su huipil. Su madre le ha enseñado todo lo que sabe. Las dos colaboraron en la creación de un petate realizado con paja. A diferencia de su madre, Elsa está aprendiendo español en la escuela. Allí es donde el otro pequeño de la familia se encuentra, Sergio Javier, quien tiene seis años. Tanto Emiliano José como María Romelia, trabajan como agricultores. Sin embargo, el salario no es suficiente para hacer frente  a  las  necesidades  nutricionales  de todos. Poseen tierras con árboles frutales como naranja y  aguacate,  y  también  cosechas   de   chipilín  (Crotalaria longirostrata), amaranto (Amaranthus albus), rábano (Raphanus raphanistrum), macuy (Solanum nigrum)  y  remolacha  (Beta  vulgaris). 

El  proyecto  les  ha proporcionado semillas y una ayuda económica. Emiliano comenta que no tienen capacidad para comprar medicamentos. Hace 15 días toda la familia padeció de enfermedades gastrointestinales. Durante los días en los que bajaba la temperatura, dicen que eran vulnerables a enfermar de gripe. Con todo, agradecen el apoyo recibido: “Gracias por habernos facilitado la compra de alimentos y habernos entregado semillas de maíz y frijol”.

Un diez por ciento de los agricultores de la comunidad han podido aumentar sus ganancias cortando café en las fincas cercanas. Con lo que ganaron, consiguieron medicinas y alimentos para las familias más necesitadas. Una de las carreteras que va a Ciudad de Guatemala sufrió desperfectos por las lluvias. El presidente del COCODE, Juan Ixpatac Sis, comenta que el proyecto de reconstrucción se realizó por parte de las autoridades, y desde entonces pueden pasar con mayor facilidad. Algunas otras personas de la comunidad han sufrido enfermedades gastrointestinales por beber agua del río. Debido a esto, una gran parte de    la  comunidad   tuvo   fiebre,   dolor   de   cabeza   y   estómago,  y aunque las autoridades sanitarias les suministraron fármacos, no tuvieron ningún efecto sobre ellos: “Fue una negligencia. En vez de mejorar, empeoraron”, asegura.

Angelina Tista y sus dos hijos ( El Aguacate). Alta Verapaz

 

Al día siguiente, integrantes de la asociación Corazón del Maíz se dirigen a la comunidad Xesiguán, en el municipio de Rabinal, para hacer entrega de plantas, semillas y material de abono y fertilizante para las cosechas. María Santos Ixpata espera a que digan su nombre. Entre las luces y sombras de los árboles, comienza la plática sobre las ayudas recibidas, como semillas de maíz y frijol, árboles frutales y dinero para la compra de alimentos. María tiene tres hijos, a los que con dificultad alimenta con  los  recursos que tiene gracias al salario que su marido gana como jornalero.
 

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