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"Vivir en una tienda no es como en una casa"

 

Día Mundial del Refugiado

Visitamos el campo de refugiados de Gawilan, entre Erbil y Mosul en el Kurdistán Iraquí, que alberga a unos 8.000 refugiados sirios. Anteriormente, en Gawilan implementamos actividades de agua, saneamiento e higiene con el apoyo de UNICEF y ahora está poniendo en marcha un proyecto de prácticas de atención y salud mental con el apoyo de ACNUR.

Fátima (segunda mujer de la izquierda) llegó a Gawilan desde Kobane en febrero de 2015, junto con sus tres hijos de 7, 9 y 10 años de edad. Llevan viviendo en Gawilan cinco meses. Se vio obligada a huir tras la muerte de su marido con la llegada del Estado Islámico a su pueblo.

Fátima habla kurdo, árabe y turco porque pasó algún tiempo de su vida en Turquía. Nos  cuenta que lleva tiempo huyendo del Estado Islámico, primero trató de llegar a Turquía con sus hijos y otras personas que también estaban huyendo, pero Turquía no los dejó entrar. Pasaron una semana en la frontera, en condiciones muy difíciles. Después de siete días, les permitieron entrar, pero sólo estuvieron  12 horas en el país, se dirigieron al Kurdistán iraquí. Fátima llegó al campamento Gawilan, mientras que las otras personas que viajaban con ella, fueron a otros campos de refugiados.

A pesar de que la frontera está a tan sólo 7 km del campamento de Gawilan, a veces se puede ver el humo de los misiles y escuchar el sonido del  conflicto. Pero Fátima se siente segura y está muy bien en el campamento. Los niños van a la escuela, y ahora que tienen vacaciones de verano, van a la mezquita del campamento para aprender el Islam. La relación con sus vecinos es muy buena y se apoyan unos a otros.  Todos los niños juegan entre ellos. "Leh moushkila (no hay problema)", dice, "el único problema es el Estado Islámico".

Cuando le preguntamos cómo es ser un refugiado y si hay algo que le gustaría que la gente de Europa supiera  sobre su situación, ella se limitó a sacudir la cabeza. "Esto no es vida", dijo. "No podemos hacer nada, no tenemos dinero, no hay lugar donde ir y no sabemos lo que pasará mañana, y cuándo acabará todo esto."

Vivir en una tienda de campaña en julio y agosto, incluso con un pequeño ventilador, es extremadamente difícil, ya que las temperaturas amenazan con llegar a los 50ºC. "No es posible vivir en una tienda", dice. "no es como una casa, si tienes una casa, puedes abrir las ventanas e incluso, si hace calor, tienes viento. En una tienda de campaña si abres las ventanas todo lo que tienes es polvo".

Fátima se ve muy cansada y su rostro marca el sufrimiento que ha pasado. A pesar de todo, sus ojos chispean con fuerza: la vida es dura, pero es temporal, deben mantenerse fuertes para el futuro de sus hijos. Su hijo más joven llega. Su cabello es rubio y tiene manchas en su rostro debido al sol. Azad, nuestra psicológica y trabajadora social lo reconoce como uno de los niños que participan en nuestras actividades de atención de salud mental.

Fátima sufre problemas de corazón y suele visitar la clínica de salud del campamento, que es administrado por una ONG llamada PU-IAM. Le informamos de las actividades recreativas que podía hacer con nuestros equipos.

Se despide de nosotros con las únicas palabras que conoce en Inglés: “Thank you! I love you!” y yo respondo con dos de las pocas palabras que sé en árabe: “Shoukran! Ile’lekha!” (que quiere decir, “gracias, hasta luego”).

 

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